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DOMINGO ANIBAL GARCÍA HERNÁNDEZ es Aníbal, así de sencillo. Natural de Los Realejos, vio la luz en abril de 1976 y realizó sus estudios de Bachillerato en el único instituto que entonces había en el pueblo.
Amante del deporte (practicó y le sigue gustando el fútbol), de la música, de los viajes, del cine y de la lectura, reconoce que, cuando estaba en el instituto, ya sentía predilección por las ciencias, las matemáticas, la física y la química. Con menos de 18 años, ya apuntaba algo, aunque comenta que en la adolescencia “era muy difícil tener muy claro cuál iba a ser su vocación”.
En la carrera de Físicas, aprobó todo los cursos año por año. Tras acabar sus estudios de Ciencias Físicas en julio de 1999, entra en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) con una beca de astrofísico residente, que “son las mejores que se pueden conseguir”, subraya.
A partir de ese momento, todo ha sido esfuerzo, trabajo, mucho trabajo, y paciencia, mucha paciencia, hasta que le llegaron las oportunidades, que bien ha sabido aprovechar. Aníbal García cataloga su primera estancia en el IAC como “muy positiva. Muchísimo de todo lo que hoy sé de astrofísica lo aprendí durante mi estancia doctoral en ese organismo público.”
Agencia Espacial Europea
Del IAC, en septiembre de 2004, gracias a una beca postdoctoral y a que ya se había labrado un currículo envidiable, consigue entrar, con dos años por delante (2004-06), en el Centro de Astronomía Espacial de la Agencia Espacial Europea, con sede en Madrid. En ese periodo, trabajó con el doctor Pedro García-Lario, con el que investigó en el centro de datos del satélite ISO.
Tras esa experiencia profesional, a Aníbal García le toca una especie de lotería porque logra formar parte del equipo del profesor David L. Lambert (en Texas) con el objeto de trabajar tres años en el estudio del análisis químico de las estrellas. Fue, dice con entusiasmo, “mi primer contrato de trabajo”.
Aníbal García ha investigado con el apoyo de telescopios instalados en los observatorios del Teide y del Roque de los Muchachos (La Palma), y también en centros de Chile y Estados Unidos (Texas).
Para él, como no podía ser de otra manera, todas sus investigaciones “son importantes”, pero ello no impide que destaque al menos dos.
En mi tesis doctoral, expone, “pude demostrar a través de observaciones astronómicas que la evolución de las estrellas muy viejas y masivas depende drásticamente de la cantidad inicial de metales con la que ese tipo de estrellas se formaron. Este descubrimiento fue uno de los principales resultados de mi tesis doctoral y tiene importantes consecuencias para la astrofísica”.
A este hallazgo, que presenta con mucho cariño, se ha unido otro más reciente y relevante, que ha sido “el descubrimiento de que las estrellas de nuestra galaxia con masas comprendidas entre 4 y 8 veces la masa de nuestro Sol muestran en su superficie, poco antes de morir, cantidades extraordinarias de rubidio (en particular del isótopo rubidio-87). Aunque la existencia de este tipo de estrellas masivas, evolucionadas y fuertemente enriquecidas en rubidio había sido predicha hace más de 40 años por los modelos teóricos de nucleosíntesis estelar, hasta la fecha no se había obtenido una confirmación observacional de ello”.
Y añade quizá lo más importante: “Estas estrellas, aún representando un escaso porcentaje en nuestra galaxia, son importantes contribuyentes al enriquecimiento del medio interestelar. Por ello, entender lo que sucede dentro de ellas y cuál es la composición química del material devuelto al medio interestelar al final de sus días es crucial para entender la evolución química de nuestra galaxia”.
Justo después de esta entrevista, Aníbal García ya pensaba en los dos días de trabajo que tenía programados en el Observatorio del Teide. Con el IAC, sí, como el quería.
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Domingo Aníbal García Hernández, pese a su juventud, ha conseguido logros importantes en el campo de la astrofísica. Nacido en Tenerife, con 31 años y doctorado en Astrofísica, estudio Ciencias Físicas en la Universidad de La Laguna. Primero, los estudios en su pueblo, luego la universidad, más tarde el IAC, a continuación la Agencial Espacial Europea y hasta hace nada la investigación en Estados Unidos. Ahora, que “tenía ganas”, ha vuelto a su terruño: a Tenerife y al IAC. |
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