nº 11
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El barranquismo o descenso de barrancos es una actividad de montaña en el que se combinan técnicas de escalada y espeleología para solventar los diferentes obstáculos que nos vamos encontrando a nuestro paso. Es un deporte donde acción, disfrute y aventura se unen para dar paso a un mundo de sensaciones donde la adrenalina “se pone a cien”. Para practicarlo elegimos el Barranco de Los Carrizales en Buenavista del Norte.

A las ocho de la mañana quedamos en Santa Cruz con el delegado provincial de la Escuela de Montaña de Tenerife, José María Guerra, ansiosos por poner en práctica, en el Barranco de Los Carrizales, todas las técnicas aprendidas y experimentar en nuestra propia carne las múltiples sensaciones que provoca este deporte. Cogimos la autopista del Norte hacia Buenavista y nos encaminamos hacia el caserío de Los Carrizales, donde seguimos la carretera hasta las casas de Carrizal Bajo, continuando posteriormente por el camino de tierra que nos llevó al punto de partida.

Sobre las 9.30 de la mañana comenzamos nuestra aventura en este barranco con agua todo el año. Emprendimos el camino desde la cabecera del barranco, tras equiparnos con el traje de neopreno, el casco, preparar arneses, mosquetones y todo el material necesario para un descenso que duró aproximadamente cuatro horas, donde combinamos destrepes (descenso de desniveles y pequeñas cascadas de agua sin cuerdas) con rápeles (bajada de cascadas de agua o desniveles donde es necesario utilizar cuerdas) que terminaban en pozas de agua, algunas con tanta profundidad que para salir de ellas debíamos nadar unos metros.

Después de caminar por un estrecho y resbaladizo sendero, llegamos hasta el tramo donde el agua empezaba a discurrir por el cauce del barranco, allí volvimos a revisar el equipo y acabamos de equiparnos para adentrarnos en el barranco. Casi inmediatamente tuvimos que avanzar con el agua por encima de las rodillas, sorteamos rocas, cañas y juncos y realizamos varios destrepes, hasta que 15 minutos después nos encontramos con el primer rápel del barranco. La aventura estaba mereciendo la pena, íbamos con un experto que nos ayudaba en todo momento, al tiempo que nos informaba sobre los diferentes peligros que presentaba el barranco y cómo debíamos solventarlos.
Poco a poco los rápeles se iban sucediendo y pudimos descubrir un barranco de gran belleza volcánica. Hicimos nueve rápeles que estaban perfectamente equipados con químicos (enclaves o tornillos situados en la pared donde se colocan las cuerdas para realizar los rápeles) y cargados de emoción donde la adrenalina se disparaba y la naturaleza se volvía cada vez más salvaje poniendo ante nuestros ojos un paisaje único, donde el basalto erosionado creaba multitud de figuras curiosas, dejando ver en ocasiones los acantilados y colinas de la zona. Otras veces, las paredes se estrechaban tanto que parecían que iban a unirse atrapándonos en sus grietas. Entonces volvían a abrirse mágicamente y pudimos comprobar, casi al final del trayecto, como las rocas y arenas volcánicas desprendían colores naranjas, rojizos, blancos y amarillentos que resaltaban sobre los colores grises y negros dominantes, ofreciéndonos una panorámica espectacular.

 

“Casi inmediatamente tuvimos que avanzar con el agua por encima de las rodillas (…)”
 
“Otras veces, las paredes se estrechaban tanto que parecían que iban a unirse atrapándonos en sus grietas (…)”

 

   
“El barranco de Carrizales…”

   
Poco después llegamos a la playa de Los Carrizales, una extensión de arena negra de unos 100 metros, donde disfrutamos de unos momentos de relax antes de iniciar nuestra vuelta. El regreso lo hicimos a pie a través de un sendero que comienza en la playa y que bordea el barranco. Nos acompañaron unas espléndidas vistas del cauce por donde habíamos bajado y del Océano Atlántico con la Isla de La Gomera de fondo. Fue una experiencia inolvidable, ahora toca descansar y preparar el próximo viaje.

Si te apetece vivir esta inolvidable experiencia recuerda que el barranquismo como cualquier otro deporte de riesgo, requiere de unos conocimientos previos que puedes adquirir a través de los cursos de iniciación que se imparten tanto en las Escuelas de Montañismo de Canarias como en los diversos clubs que se dedican a esta actividad.

 
+info
• Federación Canaria de Montañismo: Teléfonos 922 240 283 y 689 161 049
• Federación de Montañismo de Gran Canaria: Teléfono: 928 290 652,
Fax: 928 46 00 45; fmgrancanaria@terra.es
• Federación Tinerfeña de Montañismo: Teléfono: 922 882 239; correo:
fet@telepolis.es
   
 
 

Situado en el extremo noroccidental de Tenerife tenemos uno de los municipios más bellos y emblemáticos de Canarias, Buenavista del Norte. Su nombre le viene dado por lo maravillados que quedaron los conquistadores al avistar las bellezas de sus tierras durante los primeros años del siglo XVI. Es un municipio eminentemente agrícola, con unos 6.000 habitantes, que encierra rincones como El Palmar, Las Lagunetas, Las Portelas y los caseríos de Masca, Los Carrizales y Teno Alto. En su casco urbano merece la pena visitar la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, erigida en 1513 y el Convento de Franciscanos fundado en 1648.

Su mayor tesoro es el geológico y paisajístico. Buena parte del municipio se encuentra en el Macizo de Teno, uno de los tres sectores geológicos más antiguos de Tenerife. El Parque se caracteriza por la presencia de espectaculares relieves volcánicos donde se puede apreciar una gran riqueza de flora y fauna. Entre sus riquezas naturales más preciadas están los bosques de laurisilva presentes en el Monte del Agua y laderas de Baracán; y entre su fauna podemos encontrarnos con el Lagarto Moteado y con aves rapaces como el Gavilán, el Águila Pescadora o el Halcón de Berbería, entre otras muchas especies.