El
barranquismo o descenso de barrancos es una actividad
de montaña en el que se combinan técnicas
de escalada y espeleología para solventar los diferentes
obstáculos que nos vamos encontrando a nuestro
paso. Es un deporte donde acción, disfrute y aventura
se unen para dar paso a un mundo de sensaciones donde
la adrenalina “se pone a cien”. Para practicarlo
elegimos el Barranco de Los Carrizales en Buenavista del
Norte.
A las ocho de la
mañana quedamos en Santa Cruz con el delegado provincial
de la Escuela de Montaña de Tenerife, José
María Guerra, ansiosos por poner en práctica,
en el Barranco de Los Carrizales, todas las técnicas
aprendidas y experimentar en nuestra propia carne las
múltiples sensaciones que provoca este deporte.
Cogimos la autopista del Norte hacia Buenavista y nos
encaminamos hacia el caserío de Los Carrizales,
donde seguimos la carretera hasta las casas de Carrizal
Bajo, continuando posteriormente por el camino de tierra
que nos llevó al punto de partida.
Sobre las 9.30
de la mañana comenzamos nuestra aventura en este
barranco con agua todo el año. Emprendimos el camino
desde la cabecera del barranco, tras equiparnos con el
traje de neopreno, el casco, preparar arneses, mosquetones
y todo el material necesario para un descenso que duró
aproximadamente cuatro horas, donde combinamos destrepes
(descenso de desniveles y pequeñas cascadas de
agua sin cuerdas) con rápeles (bajada de cascadas
de agua o desniveles donde es necesario utilizar cuerdas)
que terminaban en pozas de agua, algunas con tanta profundidad
que para salir de ellas debíamos nadar unos metros.
Después
de caminar por un estrecho y resbaladizo sendero, llegamos
hasta el tramo donde el agua empezaba a discurrir por
el cauce del barranco, allí volvimos a revisar
el equipo y acabamos de equiparnos para adentrarnos en
el barranco. Casi inmediatamente tuvimos que avanzar con
el agua por encima de las rodillas, sorteamos rocas, cañas
y juncos y realizamos varios destrepes, hasta que 15 minutos
después nos encontramos con el primer rápel
del barranco. La aventura estaba mereciendo la pena, íbamos
con un experto que nos ayudaba en todo momento, al tiempo
que nos informaba sobre los diferentes peligros que presentaba
el barranco y cómo debíamos solventarlos.
Poco a poco los rápeles se iban sucediendo y pudimos
descubrir un barranco de gran belleza volcánica.
Hicimos nueve rápeles que estaban perfectamente
equipados con químicos (enclaves o tornillos situados
en la pared donde se colocan las cuerdas para realizar
los rápeles) y cargados de emoción donde
la adrenalina se disparaba y la naturaleza se volvía
cada vez más salvaje poniendo
ante nuestros ojos un paisaje único, donde el basalto
erosionado creaba multitud de figuras curiosas, dejando
ver en ocasiones los acantilados y colinas de la zona.
Otras veces, las paredes se estrechaban tanto que parecían
que iban a unirse atrapándonos en sus grietas.
Entonces volvían a abrirse mágicamente y
pudimos comprobar, casi al final del trayecto, como las
rocas y arenas volcánicas desprendían colores
naranjas, rojizos, blancos y amarillentos que resaltaban
sobre los colores grises y negros dominantes, ofreciéndonos
una panorámica espectacular.
“Casi
inmediatamente tuvimos que avanzar con el agua por
encima de las rodillas (…)”
“Otras
veces, las paredes se estrechaban tanto que parecían
que iban a unirse atrapándonos en sus grietas
(…)”
“El
barranco de Carrizales…”
Poco después llegamos a la playa de Los Carrizales,
una extensión de arena negra de unos 100 metros,
donde disfrutamos de unos momentos de relax antes de iniciar
nuestra vuelta. El regreso lo hicimos a pie a través
de un sendero que comienza en la playa y que bordea el
barranco. Nos acompañaron unas espléndidas
vistas del cauce por donde habíamos bajado y del
Océano Atlántico con la Isla de La Gomera
de fondo. Fue una experiencia inolvidable, ahora toca
descansar y preparar el próximo viaje.
Si
te apetece vivir esta inolvidable experiencia recuerda
que el barranquismo como cualquier otro deporte de riesgo,
requiere de unos conocimientos previos que puedes adquirir
a través de los cursos de iniciación que
se imparten tanto en las Escuelas de Montañismo
de Canarias como en los diversos clubs que se dedican
a esta actividad.
+info •
Federación Canaria de Montañismo:
Teléfonos 922 240 283 y 689 161 049
• Federación de Montañismo
de Gran Canaria: Teléfono: 928 290 652,
Fax: 928 46 00 45; fmgrancanaria@terra.es
• Federación Tinerfeña de
Montañismo: Teléfono: 922 882
239; correo: fet@telepolis.es
Situado
en el extremo noroccidental de Tenerife
tenemos uno de los municipios más
bellos y emblemáticos de Canarias,
Buenavista del Norte. Su nombre le viene
dado por lo maravillados que quedaron
los conquistadores al avistar las bellezas
de sus tierras durante los primeros
años del siglo XVI. Es un municipio
eminentemente agrícola, con unos
6.000 habitantes, que encierra rincones
como El Palmar, Las Lagunetas, Las Portelas
y los caseríos de Masca, Los
Carrizales y Teno Alto. En su casco
urbano merece la pena visitar la Iglesia
de Nuestra Señora de los Remedios,
erigida en 1513 y el Convento de Franciscanos
fundado en 1648.
Su mayor tesoro
es el geológico y paisajístico.
Buena parte del municipio se encuentra
en el Macizo de Teno, uno de los tres
sectores geológicos más
antiguos de Tenerife. El Parque se caracteriza
por la presencia de espectaculares relieves
volcánicos donde se puede apreciar
una gran riqueza de flora y fauna. Entre
sus riquezas naturales más preciadas
están los bosques de laurisilva
presentes en el Monte del Agua y laderas
de Baracán; y entre su fauna
podemos encontrarnos con el Lagarto
Moteado y con aves rapaces como el Gavilán,
el Águila Pescadora o el Halcón
de Berbería, entre otras muchas
especies.