La
labor de Cemain es muy amplia y se desarrolla
en cuatro campos: un centro de formación
para el empleo, que proporciona a los jóvenes
capacitación especializada en distintos
oficios (cocina, confección textil, electricidad,
ayudante de camarero…), con el objetivo
de lograr un puesto de trabajo digno; cinco
casas de acogida tuteladas para menores y jóvenes
que les permitan crecer; una empresa de inserción,
con tres ramas de actividad (textil, agricultura
ecológica y limpieza), donde se les da
una oportunidad a quien por su situación
personal no puede acceder directamente a un
empleo convencional; y la cooperación
con países africanos.
En el centro de formación para el empleo
participaron, durante el pasado año,
casi 300 jóvenes que recibieron una formación
útil y práctica que les ha capacitado
para alcanzar su autonomía personal.
Actualmente, alrededor de 90 jóvenes
aprovechan esta oportunidad, siendo un 10% de
ellos inmigrantes, y más de 100 esperan
disfrutar próximamente de esta experiencia
que les anima a seguir adelante en una realidad
difícil y muchas veces sin salida.
Desde Cemain, como nos explica Pablo Martínez,
coordinador técnico desde hace dos años,
“lo que intentamos es que la organización
y la educación estén unidas, ver
las preferencias de los chicos, escucharlos
y comprenderlos… en definitiva dar calidad
y calidez, ofrecerles afectividad sobre la base
del respeto para que enriquezcan su personalidad.
Es un proyecto muy enriquecedor, es muy satisfactorio
acompañarlos y verlos crecer”.
Cemain no sólo proporciona formación
y cariño a los jóvenes que se
acercan hasta la asociación, buscando
una luz en la oscuridad, sino que sigue sus
pasos y se preocupa de que su educación
alcance un final feliz. El aliciente de los
jóvenes es conseguir un trabajo digno,
que les permita crecer como personas y formar
parte de la sociedad que los rodea. Esta ONG
pone a su disposición una red de recursos
perfectamente entrelazados para conseguir un
óptimo resultado, y así lo ven
los jóvenes. Son muy pocos los que se
quedan en el camino. La gran mayoría
avanza y en muchos de ellos se despierta una
vena dormida y desean retomar los estudios reglados
y seguir creciendo en su formación.
La reinserción social, a través
del trabajo, es pues una realidad en Cemain
y lo pudimos constatar con los jóvenes
con los que hablábamos en nuestro recorrido.
Así, nos lo explicaba Samuel,
dominicano, de 18 años, que entró
en el centro en septiembre de 2003 y ha realizado
un curso de mantenimiento y otro de electricidad:
“es una experiencia buena porque estoy
aprendiendo un oficio y tengo muchos amigos.
Espero salir de aquí con un trabajo digno
y aconsejo a los jóvenes que no quieran
estudiar que se animen a aprender algún
oficio, pues es muy motivador”. Jonay, de 17 años, nos
explicaba entusiasmado en el taller de electricidad
el mecanismo de la bomba de agua que estaba
fabricando. “Es importante saber de todo
y aquí tienes un aliciente. Mis amigos
me lo aconsejaron y no me arrepiento. Aquí
tenemos una buena formación, vale la
pena”.
En el Salón de Actos pudimos charlar
con cuatro jóvenes que habían
terminado el graduado y el programa de ayudante
de camarero con éxito. Aridane
(16 años), Vanesa (17
años), Eli (17 años)
y Catia (18 años) estaban
muy contentos por el resultado obtenido, ya
habían acabado la formación elegida
y habían efectuado sus prácticas.
Su opinión sobre el centro era unánime
“es un buen proyecto porque nos ayuda
a salir adelante, tenemos expectativas de empleo,
y nos da la oportunidad de seguir estudiando
y hacer un ciclo medio. En el instituto no nos
enterábamos de nada y aquí estamos
muy contentos. Además organizan muchas
actividades complementarias que nos permiten
conocernos y hacer nuevos amigos”.
En el aula de textil, ocho jóvenes seguían
atentamente las explicaciones de su profesora
Celia, una mujer que lleva dos años en
el centro y que según nos cuenta “ha
aprendido mucho de las chicas”. Jennifer
y Noemí son dos hermanas
gemelas, de 18 años, que han optado por
este taller y, aunque hace muy poco tiempo que
comenzaron, están muy contentas y esperan
acabar y trabajar en ello.
Dicen que mientras haya vida hay esperanza y
muchos jóvenes han encontrado aquí
una vía para prepararse y sentirse útiles.
En nuestra visita por el centro pudimos ver
la ilusión que reflejaban los jóvenes
en sus rostros, vivían esta etapa con
gran alegría, se respiraba armonía,
respeto y amor, habían encontrado un
lugar donde arrojar sus temores y donde continuar
completando su felicidad.