Todavía
hay personas que piensan que colaborar como voluntario
en una organización es una tarea costosa, demasiado
exigente y hasta desagradable. Nada más lejos de
la realidad. Un voluntario no tiene por qué ser
esa persona sufrida que se sacrifica, aún a riesgo
de su propia salud o bienestar, para irse a un país
remoto a ayudar a los pobres. Aunque también los
hay que están dispuestos a renunciar a las comodidades
por el bien de los demás. El voluntariado ofrece
un gran abanico de posibilidades de participación
que pueden adaptarse a las diferentes realidades de los
jóvenes.
Si alguna vez has considerado
la idea de ser voluntario pero no te has decidido
a dar el paso porque no tienes claro dónde
puedes encajar, piensa en qué es lo que te
gusta, cuáles son tus aficiones, y posiblemente
darás con la respuesta. Es cuestión
de buscar: siempre hay una asociación o grupo
que vaya con tus intereses y es muy difícil
que no necesiten una mano para algún proyecto.
Ahí es donde entras tú. No sólo
es una forma de aprender y contribuir a la causa
en la que crees, sino de relacionarte con gente
que se mueve en tu misma onda.
En las siguientes líneas conocerás
a tres jóvenes que han conseguido integrar
el voluntariado en sus vidas diarias sin tener que
hacer grandes cambios en sus agendas.
Limpieza
del fondo marino
La
actividad como voluntaria de Jessica De León
vino por su afición al submarinismo, deporte
que lleva ya algún tiempo practicando y
que le ha hecho especialmente sensible al estado
de nuestras costas. Buceando, se dio cuenta de
lo poco que se cuida lo que no se ve y si las
playas a veces parecen verdaderos vertederos de
basura, el fondo marino ni se diga. Por esa razón,
este año comenzó a participar en
acciones de limpieza bajo el agua.
“Los
submarinistas somos las personas adecuadas para hacer
ese trabajo, que no lo puede hacer cualquiera. Yo me
animé porque las playas necesitan un cuidado
especial, que normalmente nadie tiene en cuenta, para
que todo el mundo pueda disfrutar de ellas”, explica.
¿En el fondo del mar? Hay de todo, pero sobre
todo botellas y latas viejas en las zonas más
cercanas a la orilla, más lo que llega de las
limpiezas que hacen los barcos al pasar. “Alguien
tiene que sacar toda esa basura de ahí”.
Lo suyo es un voluntariado puntual. Ni reuniones, ni
citas semanales, ni responsabilidades. De cuando en
cuando, se organizan limpiezas generales de los fondos
marinos a los que no tiene más que apuntarse,
coger su equipo de buceo y ponerse manos a la obra,
un día a una hora en un lugar, en coordinación
con el resto de los voluntarios. Entre el desplazamiento,
la inmersión y la charla posterior con los compañeros,
no hay limpieza que dure más de medio día.
Es la mejor combinación posible: mínimo
tiempo invertido con un resultado más que positivo.
Por
el medio ambiente
Irene García es una joven
de 24 años enamorada de la naturaleza, razón
por la que estudió la carrera de Ciencias Ambientales.
Desde hace un año colabora con una organización
ecologista a la que conocía de oídas y
le había llamado mucho la atención porque
eran muy activos y defendían los mismos valores
en los que ella cree.
Su labor dentro de la organización es la de hacer
“cosas chicas” para las que no necesita
emplear mucho tiempo. “Tenemos una reunión
a la semana, en la que hablamos de la problemática
del medio ambiente y de las novedades que han surgido
durante la semana anterior. Si, por ejemplo, organizamos
una charla, los voluntarios nos encargamos de pegar
carteles para darle publicidad. En el caso de que haya
una protesta, repartimos panfletos para informar a la
gente.
Irene es optimista y está segura de que su labor
tiene un resultado que se ve “muy poco a poco”,
pero que va saliendo. “Desde que soy voluntaria,
además, he notado que cada vez hay más
personas que se animan a colaborar; parece que se va
extendiendo la conciencia de que no nos queda más
remedio que cuidar lo que tenemos”. No obstante,
echa de menos que haya más jóvenes dispuestos
a ayudar en alguna causa: “hay gente muy metida
en lo suyo, que si el trabajo, las clases... Hay más
ganas de fiesta que de tomar responsabilidades. Sí
es cierto que al principio cuesta apartar un poco de
tiempo para el voluntariado, pero merece la pena. Además,
nadie te obliga a nada. Tú eres el que pones
los límites y decides hasta qué punto
quieres involucrarte”.
Actividades
para niños
Todavía estudiando
la carrera de Educación Social, Santiago
Pérez Sánchez empezó a participar
esporádicamente en la parroquia de su barrio.
Hace algo más de un año se interesó
por colaborar en un proyecto de tiempo libre con
niños de 8 a 12 años. Justo por
esas fechas, le pidieron un trabajo sobre niños
de esas edades para una de sus asignaturas. Y,
por si fuera poco, le apetecía coincidir
con otros jóvenes con las mismas inquietudes,
así no se lo pensó más. Desde
entonces, todos los jueves, él y otros
voluntarios organizan juegos y otras actividades
con los que los chavales se divierten y aprenden
a relacionarse.
“Estoy satisfecho del trabajo que hacemos.
Es estupendo ver que los niños están
motivados y con ganas de que llegue el jueves
de cada semana. En parte, empecé de voluntario
porque veía que se necesitaba gente que
echara una mano. Dentro de la juventud hay de
todo, los que se involucran y los que pasan; el
problema es que los jóvenes tenemos muchas
ocupaciones y muchas veces se priorizan otras
cosas, pero creo que hay tiempo para todo”,
asegura.