El día que quieras olvidarte de las prisas y dispongas de tres días libres y un grupo de buenos amigos, uno de los mejores lugares para hacer una escapada es el municipio de Haría, en el norte de Lanzarote. Descártalo como destino si buscas bullicio, marcha y la clase de diversión que encontrarías en cualquier ciudad. Lo que vas a descubrir es muy distinto: playas semi desiertas, pueblitos silenciosos de casas blancas y sus habitantes, gente sencilla y hospitalaria que te ayudará en lo que pueda. Solamente el paisaje -un cielo y un mar infinitos que contrastan con el color de la tierra volcánica- merece la pena la visita.
Para empezar, viajar a Haría y no ir a ver ni la Cueva de Los Verdes ni los Jameos del Agua es como ir a París y no visitar la Torre Eiffel. Ambos lugares son un auténtico espectáculo natural. La Cueva de Los Verdes es una galería de roca volcánica de 7 kilómetros de longitud, formada durante la erupción del volcán de La Corona hace más de 4.000 años. Solamente los dos primeros kilómetros están abiertos al público e iluminados estratégicamente para resaltar su belleza. En su interior, la sensación es de que te hubiera tragado la tierra. Por otro lado, los Jameos del Agua son el resultado del derrumbamiento del techo de una parte de una de las galerías volcánicas, uno de los lugares más bonitos que encontrarás en todo Lanzarote.
Y seguimos con los paisajes, porque una de las vistas más espectaculares las ofrece el Mirador del Río, una altura de casi 500 metros desde donde se ve toda la isla de La Graciosa. Para disfrutar de un atardecer con bruma, que da un aspecto fantasmagórico a los islotes que se ven tras La Graciosa, no olvides llevarte algo de abrigo ya que el viento, según se acerca la noche, se vuelve fresco.
         
       
  Disponer de un coche facilita bastante los desplazamientos por el municipio, ya que aunque las distancias no son muy largas, los trayectos entre pueblo y pueblo son un desierto en cuanto a rastro de civilización se refiere. Otra cosa es que seas un todoterreno y, además, vayas preparado para recorrer el municipio en plan de aventura, es decir, a pie e improvisando, según surja. Si es así, debes saber que hay seis senderos rurales que pasan por los lugares más interesantes de la localidad.

Hablando de comida... sirven un pescado fresco delicioso en el Puerto de Orzola, al norte del municipio. Es un pequeño pueblo con mucho ambiente, teniendo en cuenta su tamaño. Se encuentra cerca de la playa de la Cantería, donde los jóvenes van a practicar surf y otros deportes acuáticos. Tendrás que preguntar cómo llegar porque el acceso no es visible –una de las razones por las que no forma parte del circuito turístico. ¡Ah! Y cuidado si te bañas porque las corrientes son muy fuertes por esa zona.

De camino al norte, por la costa este del municipio, no pierdas de vista las pequeñas y casi completamente vacías calas de arena pálida (nada que envidiar al Caribe). Son lugares perfectos para pasar el día, organizarse un picnic y darse un baño en sus aguas transparentes. Si consigues unas gafas y un tubo podrás comprobar que el fondo del mar tampoco tiene nada que envidiar a la superficie. Disfruta de la sensación de ser lo más parecido a un Robinson Crusoe moderno en una de esas playitas olvidadas, pero ten en cuenta que deberás dejarlas tan limpias como las encontraste y que, además, está prohibido acampar en ellas.
 
   
     
 
  En el corazón del municipio, está el pueblo principal, que también se llama Haría y se le conoce como el valle de las mil palmeras (por razones obvias; está lleno de ellas). Allí se organiza todos los sábados un mercadillo de artesanía tradicional en la plaza frente a la iglesia. A partir del mediodía el ambiente se anima y mucha gente decide quedarse en las terrazas escuchando las actuaciones musicales callejeras. Si vas con la idea de gastarte los euros, tienes para elegir entre figuras decoradas con arena, joyería artesanal autóctona, pinturas y grabados, dulces de elaboración casera y cestería, entre otros. Además, el pueblo está lleno de tiendas y talleres de artesanía, donde los visitantes pueden observar cómo se hacen los más diversos objetos.
Todos los pueblos de Haría que visites te llamarán la atención por su tranquilidad y la luminosidad de sus casitas, todas blancas, de puertas y ventanas verdes, y de no más de dos pisos de altura. La localidad de Mala, además, es curiosa: en los terrenos de las casas, donde otros plantarían árboles frutales o lechugas, verás cultivos de tunera. Por cierto, cerca se encuentra el Jardín de Cactus, que también es recomendable visitar si te gusta esta clase de vegetación. Otra curiosidad: en Mala se encuentra la única arepera de toda la isla, un lugar acogedor, de ambiente distendido y con unas arepas venezolanas que están para chuparse los dedos.
 
 
     
   
Haría es el municipio que está más al norte de Lanzarote (sin contar la isla de La Graciosa) y tiene un clima algo más húmedo que en el resto de la isla. Por esta razón, tiene una vegetación considerable, a pesar de ser terreno volcánico. En cuanto al relieve, la parte oriental es la de las playas, mientras que en la occidental, donde está el macizo de Famara, hay más acantilados. El turismo forma parte de la forma de vida de sus habitantes, así como la agricultura, en la que predominan los pequeños cultivos separados unos de otros por paredes de piedra muy características. Se cultiva de todo un poco: legumbres, papas, cereales, cebollas, ajos...    
     
   
Todos en Haría saben quién fue César Manrique y los visitantes que no conocen al artista lanzaroteño no tardan en descubrirlo porque todo recuerda a él. El acondicionamiento de los Jameos del Agua como centro turístico fue creación suya, así como el del Mirador del Río. En el pueblo de Máguez, se puede observar la decoración interior de la iglesia de San Pedro y Santa Bárbara, que son obra suya. Sus últimos años los pasó en el pueblo de Haría, donde vivió en una casa en la zona de Malpaso y siguió luchando por preservar la belleza de su isla querida.    
   
 
Al sur de Andalucía, a los pies de Sierra Nevada y regada por los ríos Dauro y Genil, por donde sólo reman los suspiros –como cantó uno de sus hijos más famosos, Federico García Lorca- aparece Granada, una de las ciudades más hermosas de España. Y aunque dicho así puede sonar muy pretencioso, la verdad es que este calificativo no tiene nada de gratuito: Granada es una pasada. Y si no te lo crees, te invitamos –en el sentido figurado, claro, así que devuélvenos la Visa- a que te escapes cuando puedas y la flipes como se merece.
     
 

Como le pasa a La Laguna o Salamanca, Granada es universitaria hasta la médula, con una de las universidades más antiguas de España. 60.000 estudiantes la llenan de vida día y noche, por lo que no es de extrañar lo que aseguran las estadísticas: que casi la cuarta parte de los habitantes de la ciudad tenga menos de 20 años.
Una vez en Granada – ¡enhorabuena, por fin te has decidido! - lo primero que has de hacer es olvidarte del coche mientras estés en la ciudad (si luego quieres conocer la provincia es otra historia). Pocos lugares son tan indicados como éste para pateártelo de arriba abajo y eso que tiene más cuestas que el mes de febrero. Desde el encanto del barrio moro –el Albaicín- hasta el Sacromonte con sus cuevas y sus zambras gitanas -uno de los mejores rincones del mundo para vivir el duende flamenco-; desde esa calle plagada de teterías, capaz de sumergirte en el pasado morisco de la ciudad, hasta la Catedral renacentista y el sepulcro de los tanto monta monta tanto Reyes Católicos; desde el Campo del Príncipe hasta Pedro Antonio de Alarcón, la imprescindible zona de marcha universitaria por excelencia de la ciudad.
Y, por supuesto, no olvides que estás en una de las capitales del tapeo. Tapear en Granada no es una tradición: es un arte, por lo que después de dos o tres rondas te aseguramos que es imposible quedarse con hambre. Siempre y cuando no tengas una solitaria, eso sí.

De visita por el “Castillo Rojo”

¿Qué te creías, que nos habíamos olvidado de la Alhambra? Somos despistados pero no tanto como para olvidar uno de los lugares turísticos más visitados del mundo. El Castillo Rojo –que es lo que significa Alhambra en árabe- es eso, una fortaleza militar pero también un palacio para los sultanes de la dinastía nazarí. Visitarla junto a los jardines del Generalife es obligado. Y no hacerlo es un pecado tan terrible como si un turista se fuera de Canarias sin probar las papas arrugás.
Pero antes procesa esto en tu disco duro: saca la entrada con antelación porque miles de turistas tendrán la misma idea que tú y el número de entradas es limitado. Y es que la Alhambra es impresionante, pero tanta gente puede llegar a agobiar. Tienes tres horarios de visita: matinal, vespertino o nocturno, y puedes ver la fortaleza (Alcazaba), los jardines del Generalife, el ahora museo Palacio de Carlos V (obra maestra del Renacimiento español pero que no pega ni con cola con la Alhambra islámica) y los espectaculares Palacios Nazaríes.
Y cuando salgas del castillo rojo tal vez sientas la necesidad de volver a él, de respirar de nuevo su serenidad y su belleza. Cuentan que, de noche, cuando se va todo el mundo, sus antiguos ocupantes vuelven a pasear por sus patios de agua y jazmín. Como el fantasma de la mora Zorahaida que inspiró a la Rosa de la Alhambra las más bellas melodías. Y que tal vez inspirara también a Agustín Lara, autor de ese himno oficioso de la ciudad: “Granada, tierra soñada por mí/ mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti/ mi cantar hecho de fantasía/ mi cantar flor de melancolía /que yo te vengo a dar…”
Que tengas una feliz escapada.

Entre dos mundos

Históricamente, Granada fue el último reducto del Islam en la Península Ibérica: la capital del reino nazarí que fue conquistada por los Reyes Católicos en 1492, convirtiéndose en una de las ciudades favoritas de Fernando e Isabel y de su sucesor, Carlos I (o V, según se mire), quien fundó la Universidad manteniendo en equilibrio la riqueza cultural árabe y la nueva mentalidad cristiana de los conquistadores, un respeto al que no hizo mucho caso Felipe II, tan obsesionado él con frenar las herejías y poner picas en Flandes.
A pesar de todo, esa curiosa mezcla de culturas es la esencia de Granada: un lado europeo, heredado del Renacimiento español, y otro moro, orgulloso de su pasado árabe que late en cada rincón y que nos enseña a detenernos y a disfrutar de la vida, a cerrar los ojos y a dejarse llevar por el aroma de las flores y por la música del agua, omnipresente en Granada, esa ciudad que–según la leyenda- provocó los suspiros y las lágrimas del rey Boabdil
al saberla perdida para siempre. Más tonto fue él por dejarla escapar.

 
     
 
   
 
www.granada.org
Página oficial del Ayuntamiento de Granada.
www.alhambra-patronato.es
Para organizarte en tu visita a la Alhambra y saber más de este impresionante monumento histórico.
www.turismodegranada.org
Portal del Patronato de Turismo. De lo más completo sobre la ciudad y la provincia. Con horarios y transportes.
www.pueblos-espana.org/andalucia/granada/granada
Amplia Información de Granada, entre ella, de sus posibilidades de turismo rural y con numerosos links de interés.
www.ugr.es
Web de la histórica Universidad de esta ciudad.
www.museogarcialorca.org
Página de la casa Museo del extraordinario poeta y dramaturgo que nació y murió en Granada.