Si te gusta la aventura, haz como nosotros
y vente de acampada al islote de Lobos. Nuestro viaje
comenzó en el puerto de Corralejo, al norte de
Fuerteventura. Habíamos pedido el permiso de acampada
en la oficina de Medio Ambiente del Cabildo de Fuerteventura
tres días antes y ya estábamos en marcha.
Nos habíamos llevado todo lo indispensable (mucha
agua, protección solar alta, ropa y calzado cómodo,
comida, casetas, botiquín y móvil por si
acaso). Cogimos una de las líneas de barco que
cubren el trayecto hasta el islote con salidas a las 10
y las 12. La travesía por mar desde Corralejo fue
toda una gozada, el buen tiempo nos acompañó
y en apenas unos minutos llegamos a nuestro destino. Atracamos
en el pequeño puerto y nos establecimos en la zona
de acampada conocida con el nombre de “La Carpintería”.
El islote de Lobos de Fuerteventura tiene
una edad comprendida entre 6000 y 8000 años y forma
parte del Parque Natural de las Dunas de Corralejo. Su
superficie es de 467.9 hectáreas y recibe su nombre
de los leones marinos que la habitaron hace cinco siglos.
Tras la muerte del farero, nadie vive en Lobos y las únicas
edificaciones del lugar son antiguos refugios construídos
por los pescadores de la zona.
De caminata
descubriendo Lobos:
Durante el día y con el sol pegando fuerte, visitamos
los espectaculares parajes naturales de Lobos. Seguimos
el sendero que partía desde el muelle y que bordea
la costa hacia el Este. La primera parada fue en “El
Puertito” con las casetas de los pescadores y un
modesto restaurante que abría sólo durante
unas horas al día. Allí conocimos a Ángel
Hernández, que daba de comer a las gaviotas y a
su hermana Antonia, cuyo padre, farero desde el año
38, los trajo a la isla de pequeños.
El paisaje de Lobos estaba compuesto
de capas de roca volcánica, en “Las Lagunillas”
la roca estaba cubierta por depósitos de arenas
orgánicas marinas. Recorrimos el centro hasta el
“Saladar del Faro”, un llano que periódicamente
queda inundado por las mareas y sirve de hábitat
a especies vegetales autóctonas (siemprevivas,
tabaibas dulces y salvajes, chirates, aceitijas, mormojai,
cuernúa…) y animales protegidos (pardela
cenicienta, paíño, gaviota, petrel, zarapitu,
correlinos, avutarda,
alcaudón, garzas…).
“Te
encuentras en una situación de aislamiento
total y tienes solamente lo que llevas contigo”
“A
Lobos se va porque uno es aventurero”
“Hace
un sol que raja las piedras desde que amanece hasta
que se pone”
Otro lugar
emblemático fue la “Montaña la caldera”,
una impresionante formación volcánica de
127 m. de altura sobre la que Juanjo, compañero
de acampada, comenta: “Merece la pena subir a lo
alto del volcán para poder ver el precioso paisaje,
con un cráter de media luna y especies en peligro
de extinción que vuelan por debajo de tus pies”.
Fuerteventura, famosa por sus playas,
tiene en Lobos una especialmente hermosa, la “Playa
de la Concha”, también llamada de “La
Caleta”. Resultó ser otra parada obligada
en más de una ocasión para bañarse
y disfrutar de la vista. Para Alby se trataba de una verdadera
piscina natural “Cuando baja la marea se queda un
charco enorme, no entra la corriente y aunque el mar esté
malo fuera, esa zona siempre permanece tranquila”.
La experiencia
de acampar:
Durante los momentos de luz pudimos disfrutar de mucho
sol, de playas increíbles, del paisaje y de la
paz que reinaba en el islote. “El despoblamiento
de Lobos es lo que lo convierte en el lugar perfecto para
acampar. Es una isla completamente desierta no hay apenas
gente, ni agua corriente, ni electricidad, ni ruidos,
en algunas zonas no hay siquiera cobertura para los móviles”
comenta Enrique, “Es la idea de estar realmente
alejado”.
Por la noche, nos quedábamos cerca
de las casetas, pero también se podía disfrutar
del incomparable marco natural de la isla. El pasatiempo
estrella era sentarse en corros como en la antigüedad
y contar historias de miedo alrededor de una linterna.
Para Juanjo, Lobos es el mejor lugar para contar historias
de terror: “Es una gozada debido al clima de soledad
y aislamiento, crees escuchar a lo lejos el llanto de
un bebé pero se trata del sonido que hacen las
pardelas”. Alby añade “Lo genial es
poder observar las estrellas cuando no hay luna y meterse
en el agua”.
Un islote
para el recuerdo:
Ya de vuelta a Corralejo hablamos con Paco, propietario
del ciber-café. Nos cuenta apasionantes historias
sobre el islote de Lobos. Algunas trágicas, como
el hundimiento del Poseidón, el barco de madera
que antiguamente hacía la travesía a Lobos
y que se hundió en tres ocasiones. También
nos comenta que Josefina Plá, una afamada escritora
en Paraguay, nació en Lobos, siendo su padre por
aquel entonces el farero. Otras historias hablaban sobre
piratas ingleses que acechaban el islote, pero la más
graciosa de todas, fue la del burro que merodeaba a los
campistas para robarles las mochilas en busca de comida.
Cuando cogimos el barco de regreso lo
hicimos con pena, atrás dejábamos unos días
inolvidables. Lo mejor, la experiencia de vivir como nuestros
antepasados, rodeados de naturaleza salvaje en un lugar
aparentemente árido, pero lleno de vida y de maravillas
que están esperando ser descubiertas. Lobos y Fuerteventura
es todo un paraíso para el descanso y para disfrutar
en compañía.
El islote de Lobos
pertenece al municipio de La Oliva. Este municipio
de 17.000 habitantes se enclava en el Norte
de la Isla de Fuerteventura y tiene una superficie
de 356 km2. La Oliva dispone de dos zona diferenciadas
como son la costa y la zona de medianía
y es uno de los municipios turísticos
de mayor porvenir en Canarias. Está compuesto
por los pueblos de La Oliva, su capital, Corralejo,
El Cotillo, Lajares, El Roque, Villaverde, Vallebrón,
Parque Holandés, Tindaya y La Caldereta.
Consiguió su mayor esplendor a mediados
del siglo XVII cuando fue convertida en el lugar
de residencia del gobernador militar de la isla.
De esta época datan los edificios más
emblemáticos del lugar conformando un
hermoso conjunto histórico, a destacar
La Casa de los Coroneles, la Iglesia de la Candelaria,
el Tostón en El Cotillo, las pequeñas
ermitas de cada pueblo y los molinos. Otra muestra
de la belleza de este municipio de Fuerteventura
está en la costa que lo bordea. En la
Oliva se encuentran dos Parques Naturales, el
de las Dunas de Corralejo y el del Islote de
Lobos, que junto a las playas de El Cotillo
dan buena muestra del rico patrimonio natural
de la isla. Por todo ello, el municipio de La
Oliva ofrece un amplio abanico para todos los
visitantes. El clima de Fuerteventura y sus
condiciones naturales, hacen de él un
lugar privilegiado para la práctica de
actividades relacionadas con el mar y de todo
tipo de deportes al aire libre que potencian
el contacto con la naturaleza. A la oferta turística
y de ocio de La Oliva, se unen la tranquilidad
y la sobriedad de los pueblos con sus amables
gentes que nos invitan a conocerlo. Sin duda,
La Oliva de Fuerteventura es un lugar para perderse.