nº 11
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Si te gusta la aventura, haz como nosotros y vente de acampada al islote de Lobos. Nuestro viaje comenzó en el puerto de Corralejo, al norte de Fuerteventura. Habíamos pedido el permiso de acampada en la oficina de Medio Ambiente del Cabildo de Fuerteventura tres días antes y ya estábamos en marcha. Nos habíamos llevado todo lo indispensable (mucha agua, protección solar alta, ropa y calzado cómodo, comida, casetas, botiquín y móvil por si acaso). Cogimos una de las líneas de barco que cubren el trayecto hasta el islote con salidas a las 10 y las 12. La travesía por mar desde Corralejo fue toda una gozada, el buen tiempo nos acompañó y en apenas unos minutos llegamos a nuestro destino. Atracamos en el pequeño puerto y nos establecimos en la zona de acampada conocida con el nombre de “La Carpintería”.

El islote de Lobos de Fuerteventura tiene una edad comprendida entre 6000 y 8000 años y forma parte del Parque Natural de las Dunas de Corralejo. Su superficie es de 467.9 hectáreas y recibe su nombre de los leones marinos que la habitaron hace cinco siglos. Tras la muerte del farero, nadie vive en Lobos y las únicas edificaciones del lugar son antiguos refugios construídos por los pescadores de la zona.

De caminata descubriendo Lobos:
Durante el día y con el sol pegando fuerte, visitamos los espectaculares parajes naturales de Lobos. Seguimos el sendero que partía desde el muelle y que bordea la costa hacia el Este. La primera parada fue en “El Puertito” con las casetas de los pescadores y un modesto restaurante que abría sólo durante unas horas al día. Allí conocimos a Ángel Hernández, que daba de comer a las gaviotas y a su hermana Antonia, cuyo padre, farero desde el año 38, los trajo a la isla de pequeños.

El paisaje de Lobos estaba compuesto de capas de roca volcánica, en “Las Lagunillas” la roca estaba cubierta por depósitos de arenas orgánicas marinas. Recorrimos el centro hasta el “Saladar del Faro”, un llano que periódicamente queda inundado por las mareas y sirve de hábitat a especies vegetales autóctonas (siemprevivas, tabaibas dulces y salvajes, chirates, aceitijas, mormojai, cuernúa…) y animales protegidos (pardela cenicienta, paíño, gaviota, petrel, zarapitu, correlinos, avutarda,
alcaudón, garzas…).

“Te encuentras en una situación de aislamiento total y tienes solamente lo que llevas contigo”
“A Lobos se va porque uno es aventurero”
“Hace un sol que raja las piedras desde que amanece hasta que se pone”
   
 

Otro lugar emblemático fue la “Montaña la caldera”, una impresionante formación volcánica de 127 m. de altura sobre la que Juanjo, compañero de acampada, comenta: “Merece la pena subir a lo alto del volcán para poder ver el precioso paisaje, con un cráter de media luna y especies en peligro de extinción que vuelan por debajo de tus pies”.

Fuerteventura, famosa por sus playas, tiene en Lobos una especialmente hermosa, la “Playa de la Concha”, también llamada de “La Caleta”. Resultó ser otra parada obligada en más de una ocasión para bañarse y disfrutar de la vista. Para Alby se trataba de una verdadera piscina natural “Cuando baja la marea se queda un charco enorme, no entra la corriente y aunque el mar esté malo fuera, esa zona siempre permanece tranquila”.

La experiencia de acampar:
Durante los momentos de luz pudimos disfrutar de mucho sol, de playas increíbles, del paisaje y de la paz que reinaba en el islote. “El despoblamiento de Lobos es lo que lo convierte en el lugar perfecto para acampar. Es una isla completamente desierta no hay apenas gente, ni agua corriente, ni electricidad, ni ruidos, en algunas zonas no hay siquiera cobertura para los móviles” comenta Enrique, “Es la idea de estar realmente alejado”.

Por la noche, nos quedábamos cerca de las casetas, pero también se podía disfrutar del incomparable marco natural de la isla. El pasatiempo estrella era sentarse en corros como en la antigüedad y contar historias de miedo alrededor de una linterna. Para Juanjo, Lobos es el mejor lugar para contar historias de terror: “Es una gozada debido al clima de soledad y aislamiento, crees escuchar a lo lejos el llanto de un bebé pero se trata del sonido que hacen las pardelas”. Alby añade “Lo genial es poder observar las estrellas cuando no hay luna y meterse en el agua”.

Un islote para el recuerdo:
Ya de vuelta a Corralejo hablamos con Paco, propietario del ciber-café. Nos cuenta apasionantes historias sobre el islote de Lobos. Algunas trágicas, como el hundimiento del Poseidón, el barco de madera que antiguamente hacía la travesía a Lobos y que se hundió en tres ocasiones. También nos comenta que Josefina Plá, una afamada escritora en Paraguay, nació en Lobos, siendo su padre por aquel entonces el farero. Otras historias hablaban sobre piratas ingleses que acechaban el islote, pero la más graciosa de todas, fue la del burro que merodeaba a los campistas para robarles las mochilas en busca de comida.

Cuando cogimos el barco de regreso lo hicimos con pena, atrás dejábamos unos días inolvidables. Lo mejor, la experiencia de vivir como nuestros antepasados, rodeados de naturaleza salvaje en un lugar aparentemente árido, pero lleno de vida y de maravillas que están esperando ser descubiertas. Lobos y Fuerteventura es todo un paraíso para el descanso y para disfrutar en compañía.

   
 
El islote de Lobos pertenece al municipio de La Oliva. Este municipio de 17.000 habitantes se enclava en el Norte de la Isla de Fuerteventura y tiene una superficie de 356 km2. La Oliva dispone de dos zona diferenciadas como son la costa y la zona de medianía y es uno de los municipios turísticos de mayor porvenir en Canarias. Está compuesto por los pueblos de La Oliva, su capital, Corralejo, El Cotillo, Lajares, El Roque, Villaverde, Vallebrón, Parque Holandés, Tindaya y La Caldereta. Consiguió su mayor esplendor a mediados del siglo XVII cuando fue convertida en el lugar de residencia del gobernador militar de la isla. De esta época datan los edificios más emblemáticos del lugar conformando un hermoso conjunto histórico, a destacar La Casa de los Coroneles, la Iglesia de la Candelaria, el Tostón en El Cotillo, las pequeñas ermitas de cada pueblo y los molinos. Otra muestra de la belleza de este municipio de Fuerteventura está en la costa que lo bordea. En la Oliva se encuentran dos Parques Naturales, el de las Dunas de Corralejo y el del Islote de Lobos, que junto a las playas de El Cotillo dan buena muestra del rico patrimonio natural de la isla. Por todo ello, el municipio de La Oliva ofrece un amplio abanico para todos los visitantes. El clima de Fuerteventura y sus condiciones naturales, hacen de él un lugar privilegiado para la práctica de actividades relacionadas con el mar y de todo tipo de deportes al aire libre que potencian el contacto con la naturaleza. A la oferta turística y de ocio de La Oliva, se unen la tranquilidad y la sobriedad de los pueblos con sus amables gentes que nos invitan a conocerlo. Sin duda, La Oliva de Fuerteventura es un lugar para perderse.