| "Jóvenes, ocio y conducción: situaciones, causas y soluciones" |
| Sr.
D. José Tomás Rodríguez Jorge Técnico de la Jefatura Provincial de Tráfico de Las Palmas de G. Canaria. |
En
primer lugar agradecer a la Dirección General de la Juventud, a la Consejería
de Empleo y Asuntos Sociales, la oportunidad de poder tener este espacio que
podemos aprovechar para reflexionar sobre determinados enfoques y sobre determinadas
situaciones que afectan a la vida y a la cotidianeidad de muchos de nuestros
jóvenes en sus desplazamientos. Aprovechar también para animar
para que estas dinámicas se continúen desarrollando y se continúen
impulsando.
Yo lo que voy a hacer en los minutos que tengo es simplemente contarles, informarles,
a través de una serie de reflexiones, de cómo nos planteamos en
la Jefatura de Tráfico de las Palmas la educación vial con los
jóvenes, cómo la valoramos, cómo analizamos, qué
soluciones estamos impulsando, y luego ya en el debate que tengamos en la segunda
parte quizás podamos profundizar más en otras cuestiones.
En principio cuando hablamos de jóvenes tenemos que entender que para nosotros este concepto abarca unos parámetros de edad entre los 15 y los 35 años. Quizás todos debemos de entender que ahora mismo cuando sobrepasamos los 25 años y cuando estamos entre los 15 y los 18 el tiempo de ocio, por las situaciones sociales que tenemos en las islas, sobre todo por la dependencia familiar, la incorporación de edades más tempranas a la vida de ocio, pues los hábitos son muy comunes, los hábitos en cuanto a lo social, los hábitos en cuanto a la seguridad vial son muy comunes, de ahí que hayamos ampliado el concepto joven en esos términos. No cabe duda que el espacio en donde se desarrolla la accidentalidad que tienen los jóvenes está marcado por la noche, es ahí donde comienzan a dispararse los accidentes en los que se ven involucrados muchos chicos, muchas chicas que vuelven de una fiesta o de cualquier acto. Las características, pues las de siempre, los coches repletos, que habitualmente no conducen, inexperiencia, la sobrevaloración de las propias capacidades, la competitividad, la conducta exhibicionista, el alcohol es un elevado nivel de riesgo. Todos estos factores suelen estar presentes en este drama. El escenario, la noche, especialmente la madrugada ese es el escenario temporal donde los jóvenes encuentran habitualmente la muerte y es que se están doblando, los accidentes se doblan en estos espacios de fines de semana y de noche con respecto a los accidentes que ocurren en los días laborales. Este trinomio de juventud, de madrugada y de accidentes está ocupando cada vez más, y por méritos propios, un lugar importante en las estadísticas. Con respecto a la edad, todos ya conocemos lo que estos datos nos dicen, que el tramo comprendido entre los 18 y 24 años suele ser el grupo que más sufre esta secuela y además es la primera causa de accidente en este tramo de edad.
Ahondando en este tema decir que los países desarrollados uno de cada dos muertos están en edades comprendidas entre los 15 y los 35 años y lo son precisamente por accidentes de tráfico, sin embargo dentro de este tramo, entre los 15 y los 35 hay que destacar un segmento de alto riesgo que está entre los 18 y los 25 años aunque sólo es el 17% de la población conductora, este 17% durante muchos años ha causado el 31% de todos los accidentes mortales y es responsable de más del 60% de los siniestros de los fines de semana. Actualmente podemos decir que esta situación, afortunadamente, está cambiando. Hay también que destacar que en la accidentalidad de los jóvenes tiene una gran importancia la accidentalidad que está asociada a ciclomotores y a motocicletas y al incumplimiento de las normas de seguridad, me refiero a las fundamentales como puede ser el uso del casco, de hecho el 70% de los jóvenes entre 15 y 17 años, que han fallecido en accidentes de tráfico en zona urbana, son conductores de ciclomotores en un 50% y en un de 20% de motocicletas. Además el dramatismo que hay que añadir a estos datos quizás se agrava más si tenemos en cuenta la capacidad de años potenciales de vida que se han perdido en estos accidentes.
Me permiten que me levante a trabajar unas transparencias: Aunque me refiero a esa fecha del año 1990, es importante tener en cuenta que la encuesta que se elaboró en esos años nos da unos datos de una población de 55 millones de jóvenes en Europa donde sobre los 52.000 muertos víctimas de accidentes, los jóvenes sobrepasan en más de 14.000 en un año. Esta media se suele mantener pues en la última década del siglo que acabamos de cerrar con lo cual nos podemos situar pues calculemos que pueden ser 14.000 personas, un municipio de cualquiera de nuestras islas de 14.000 habitantes, en un año. Si sumamos en los diez años estamos hablando, ya son palabras mayores, estamos hablando de mayor población. Se mantiene esa tónica aunque la población ha bajado pero sin embargo, la siniestralidad sigue manteniéndose. En cuanto a las islas, me he permitido preparar una transparencia de la provincia de las Palmas donde vemos la accidentalidad y los muertos y heridos en cada una de las islas; el total supera, nos aproximamos a las 14.000 víctimas en total desde el año 96 hasta el año 2001. Trece mil víctimas en este periodo de tiempo suponen que puede ser, insisto y repito, cualquier municipio de nuestras islas. Fallecidos en ese periodo 500 personas, estamos hablando de 500 personas que ya no están entre nosotros.
Situaciones que hay que tener en cuenta es que en ese periodo de tiempo asistimos a la construcción y a la mejora de grandes vías de las islas, como puede ser en el periodo 96,97 y 98 la construcción de la circunvalación GC 1, 2, Lanzarote 1, 2; la de Fuerteventura. Vivímos un periodo de obras en esos últimos cinco años que afectaron a las formas de desplazarnos todos. Y otro factor importante es que, precisamente en esas fechas, se nos ha doblado el parque móvil de vehículos con la misma capacidad poco mejorada. Estos son factores que influyen en la accidentalidad que tenemos pero que además han definido las tendencias a subir y a bajar los accidentes en cada una de las islas. Pero, claro, refiriéndonos a jóvenes está claro que parte de esta población de víctimas son jóvenes. Yo no les voy a dar datos de tantos en tal año y tantos en otro; si les voy a mostrar a modo de dato que sirva para la reflexión, que en el año 97 fueron 992 víctimas en el segmento de población de 18 a 29 años en un año. Los vehículos habituales donde se sufren los accidentes son ciclomotores, motocicletas y turismos. Quizás llame la atención que en ese año hubo 52 chicos víctimas por atropello. ¿Por qué es importante esto?. Pues porque este año 1997 fue el año donde menos víctimas tuvimos del periodo que comprende del 96 al 2000. ¿Qué pasó del 90 al 91?. La tendencia general es que disminuían los accidentes. Desde la Dirección General vivímos esos años con bastante animosidad porque veíamos que los planes que se desarrollaban estaban siendo bastante eficaces. Luego ya a partir del año 94-95 empezamos a ver como subíamos hasta 5 puntos estos índices.
Evidentemente esta es la situación, pero cuáles son las causas. Las causas son múltiples, démonos cuenta que estamos hablando de un grupo que no es para nada homogéneo; entonces se dibuja un panorama desde diferentes puntos de vista. Los sociólogos apuntan una serie de factores presentes en los accidentes de tráfico de los jóvenes: nos hablan de la estructura familiar, del rol, de la publicidad agresiva, de la ausencia de ciertos valores y de los déficit educativos y formativos. Los psicólogos nos apuntan, nos que la percepción del riesgo que hay en los jóvenes es muy baja, es un colectivo donde el riesgo se percibe poco y lo asumen mucho y hay un factor de impulsividad muy fuerte en este grupo de población y se estima poco. Quizás esto tengamos que enfocarlo más por cómo los jóvenes entienden la cultura de la velocidad, esa cultura de la prisa.
Luego podemos añadir ese exagerado gusto, la falta de autoestima, la presión del grupo es fundamental; es curioso ver como un joven modifica su conducta por no correr ningún tipo de riesgo en cuanto a sentirse excluido o no dar el nivel que el grupo espera de él. Son factores que inciden mucho. Y luego ya desde la pedagogía los factores madurativos están muy presentes en la forma de vida y desplazamiento de los jóvenes. Está claro que el joven utiliza muchas veces su vehículo como necesidad de autoafirmación, está claro que el joven sobrevalora su capacidad, hasta tal punto que minimiza el riesgo, también piensan que ellos lo hacen bien y los demás son los que se desplazan mal. La conducta exhibicionista no sólo está presente en la seguridad vial, está presente en la vida en todos los aspectos de la vida del joven; de hecho, estamos hablando de una edad en que está empezando la integración en la etapa adulta, y el joven necesita sentirse integrado. Por lo tanto, debemos tener claro que el vehículo al igual que el alcohol van a constituir, constituyen hoy por hoy, un elemento que al joven le proporciona un determinado tipo de integración social. No cabe duda de la sensibilidad del joven hacia los mensajes publicitarios, sobre todos aquellos que incitan a la potencialidad y a la velocidad que determinado vehículo es el mejor y tú, que eres el mejor, tienes que tenerlo. Esa edad donde todavía hay una madurez muy permeable, donde se carecen de elementos que el joven pueda defenderse de una sociedad basada en el superconsumo contribuye a elaborar un mapa de problemas en esta población que debemos de ver de qué forma podemos desarrollar estrategias de compensación para resolver que disminuyan esta situación que sufren los jóvenes.
Bueno, a grandes
rasgos estos son los factores que están asociados a los accidentes. Pero,
¿cuál es el problema de fondo?. El problema de fondo, desde la
seguridad vial, viene determinado por las siguientes situaciones:
1º) Nuestros jóvenes hacen un uso intensivo de los vehículos,
no paran, constantemente los fines de semana se recorren más kilómetros
que los que pueden recorrer entre los días normales.
2º) No cabe duda que el bajo poder adquisitivo que tienen los jóvenes menores de 30 años de alguna manera va a incidir en verlos cómo se desplazan en vehículos con una alta ocupación; van más jóvenes de los que realmente esa máquina va a soportar. No es que no lo soporte, evidentemente que el coche puede ir con ocho personas de aquí a cualquier sitio; el problema está en que cuando se diseña una máquina, esa máquina está preparada para desplazarse con determinada carga y con determinada distribución de la carga y si se sobrepasa puede ocurrir lo no deseado. El ingeniero diseñó los sistemas de seguridad para que en un momento que el conductor se vea sorprendido la máquina responda con eficacia y esto es algo que nuestros jóvenes desconocen, no lo valoran.
3º) En cuanto a la presencia del alcohol es uno de los elementos que los jóvenes están utilizando para integrarse socialmente. No cabe duda que bajo los efectos del alcohol o de cualquier estupefaciente somos capaces de desinhibirnos. Estamos hablando de una carencia en el desarrollo de habilidades sociales, que es importante aportar esa cultura al joven, y evitar que se utilice el alcohol como un mecanismo de integración social.
4º) Y una cuarta causa es la interferencia de un pequeño grupo de jóvenes que admite que le gusta la conducta de alto riesgo. Estamos hablando en primer lugar de un pequeño grupo de jóvenes y no podemos meter a todos los jóvenes en el mismo saco, en abosluto. Si es cierto que este pequeño grupo afecta a la seguridad de todos.
Bien, ante este panorama, ¿qué soluciones estamos dando desde la Jefatura de Tráfico de Las Palmas?. Las soluciones van en torno a estas tres áreas: la educación, la formación y la información. Uno de los grandes vacíos que tenemos ahora mismo en materia de seguridad vial y educación es la falta de planes y no me refiero a la Dirección General que elaboró el primer plan en 1985. Desde ahí trabajamos por objetivos pero no hemos dado con la cultura de la planificación de seguridad vial a Cabildos, Ayuntamientos, a las Instituciones y a las Administraciones más próximas a los ciudadanos. Quizás el aporte que podemos hacer desde la Dirección General es en cuanto a los modos de planificar, de proyectar y de programar la educación y la seguridad vial. Este tipo de formación es importante; tenemos que trabajar por objetivos y huir por completo de los discursos tremendistas y paternalistas. Hay que definir objetivos, hay que analizar el mapa de problemas que tiene cada entorno inmediato donde el ciudadano se desenvuelve, los accesos, los riesgos, la señalización, todo esto es muy importante. Pero cuando hablamos de seguridad vial, como en estas Jornadas, estamos hablando de modificación de conductas, hábitos y comportamientos y no solamente de coleccionar conocimiento. No sirve saber que un semáforo en rojo significa no se puede pasar; eso lo sabemos todos, estamos educados cuando lo hacemos, cuando ese conocimiento lo traducimos obedecemos a un acto intencionado, ahí podemos hablar que estamos educados porque con esos conocimientos hemos sido capaces de modificar nuestros hábitos, nuestros comportamientos y de madurar nuestra actitud.
Por lo tanto, la solución que estamos dando es elaborar un Plan Provincial que aporte tanto en la educación del ámbito formal, tanto las estrategias formales como no formales de la educación, se desarrolle a través de una serie de actuaciones que pueden ser susceptibles de evaluarse, de ver el alcance que tienen, si se llega o no se llega efectivamente a aportar esa nueva cultura de entender la movilidad y la seguridad. No se trata de decirle al joven que no beba lo que sí se me ocurre es decirle separa la conducta de beber de la conducta de conducir para que puedas seguir disfrutando los siguientes fines de semana. Y digo esto consciente del grave problema que tenemos de consumo de alcohol en los jóvenes. Respecto a la seguridad vial, tengo que decir que en nuestros controles de alcoholemia, la presencia de jóvenes es mínima; no podemos decir que tengamos, hay problemas evidentemente, pero no es precisamente en esta banda de edad. Creo que nuestros jóvenes ahora mismo están dando una prueba de responsabilidad separando esa conducta de beber y de conducir y en este sentido este problema hay que trasladarlo a otras capas.
Por lo tanto desde la formación aportamos nuestra metodología y nuestra didáctica a los agentes educadores, profesores de la Consejería de Educación en el ámbito formal. Evidentemente que con el profesor hay que contar; no se hace educación vial en secundaria, se sientan las bases desde infantil. Estamos hablando de hábitos y comportamientos y cuanto antes empecemos mejor es el aprendizaje y la integración después.
Cursos también para formar nuevos monitores en Cabildos y en Ayuntamientos porque no cabe duda que el papel de los mediadores sociales es fundamental para transmitir estos hábitos. Desde la información, las campañas divulgativas han demostrado su eficacia, han sido bastantes impactantes, pero la acogida que han tenido han refrendado estos enfoques. Junto con la información hay dos notas a destacar. Tradicionalmente destacan los avisos de "por favor sea usted prudente". Que yo sepa nadie sale a la calle pensando a cuántas personas voy a atropellar hoy, evidentemente que no. Todos somos prudentes, quizás haya que cambiar el mensaje diciendo "por favor, continúe usted siendo igual de prudente" y alejarnos de todo lo que suponga el temor y el miedo a basar la educación y la enseñanza en el temor y el miedo.
La información es un elemento educativo de primer orden. A través de ella, el ciudadano puede tener conocimiento del estado de la seguridad en su municipio, de saber donde están aquellos tramos peligrosos, aquellos puntos negros, las zonas de riesgos, las entradas y salidas de colegio que son auténticos actos de aglomeraciones de masas. Ahora mismo se están desarrollando de una forma tremenda; podemos observar de qué forma muchos padres dejan o recogen a sus hijos del colegio y ¡se olvidan que están los de los demás!. Situaciones de ese tipo lo que denotan es que la cultura del tráfico, la nueva cultura de la seguridad vial estamos todavía por hacerla y en este sentido es la labor que estamos desarrollando. Actualmente hemos llegado a los 34 Ayuntamientos de las islas de Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura; en todos ellos hay equipos que están impulsando programas y desarrollando actividades. Esto ha costado diez años para conseguirlo pero creo que ya muchos de nuestros Ayuntamientos están empezando a despegar y ya tienen sus propios programas y objetivos que le están dando una capacidad de prevención bastante alta. Espero que lo que haya aportado sirva para enriquecer el debate y muchas gracias.