"Los jóvenes en las escuelas de conductores: algunos aspectos mejorables"

Sr. D. Iñigo Montenegro Urrutia
Secretario General de la Confederación Nacional de Autoescuelas

En primer lugar agradecer en nombre de la Confederación Nacional de Autoescuelas la invitación de la Organización para participar en estas primeras Jornadas. Es muy de agradecer que nos hayan tenido en cuenta ya que en otras ocasiones y en otros foros, a veces, se olvidan de las autoescuelas para este tema y a nuestro entender podemos desarrollar una importante labor en el tema de prevención de accidentes.

La aparición del automóvil en nuestra sociedad a finales del siglo pasado ha aportado una serie de soluciones y ventajas al mundo del transporte pero evidentemente, de manera paralela, ha ido generando una serie de problemas a los cuales se ha tratado de dar solución desde diferentes ámbitos o sectores. No solamente en el ámbito del transporte sino también a todos los ámbitos que lo rodean o lo mediatizan, como son las infraestructuras, el medio ambiente, los accidentes y sus secuelas. En definitiva, una tendencia globalizadora que tiene como objetivo final la seguridad vial, la calidad de vida y la conservación del medio ambiente. La sociedad hoy en día demanda, al menos teóricamente, unos conductores que sean educados, que estén bien formados, que dominen en todo momento el vehículo, que lo utilicen con un buen criterio y tengan seguridad y que todo ello sea el soporte para la adecuada convivencia que reporte seguridad vial tanto a escala personal como a escala de la propia colectividad.

Durante mucho tiempo, aproximadamente hasta los años 50, el optimismo tecnológico llegó a pensar que sólo intervieniendo sobre los vehículos, y también interviniendo sobre las carreteras, la seguridad vial ya estaba garantizada. Fruto de esa creencia se fueron desarrollando numerosos sistemas que consistían en avances tecnológicos que procuraban garantizar la seguridad del conductor dentro del automóvil quedando en este contexto el papel de las autoescuelas un tanto relegado; estamos hablando de la década de los 50. Poco a poco se fue viendo de manera clara que una buena parte del origen de la accidentalidad estaba en el factor humano, en ese sujeto que maneja el vehículo, en ese sujeto que participa en la conducción o que participa en el tráfico como peatón. Planteadas así las cosas es evidente que es vital e imprescindible actuar de manera prioritaria sobre el operador humano en el tráfico si queremos de verdad lograr conductores y peatones más seguros.

Ello nos lleva a su vez, inevitablemente y según todas las investigaciones, a tener que potenciar y fomentar los sistemas de formación.

Esto queda justificado por el hecho de que en cualquier problema de salud pública, y los accidentes de tráfico se han convertido en un problema de salud pública, el modelo de información y formación como base de la prevención es el que siempre ha dado los mejores resultados a corto y a largo plazo. Igualmente en el campo de la seguridad vial la buena información y preparación de los conductores es el elemento que más parece garantizar la prevención de siniestralidad y la mejora general de la seguridad. En este modelo de actividad que está basado en la formación en el caso de la seguridad vial se puede desarrollar y se desarrolla en España, como hemos visto en la primera de las Ponencias de hoy, a partir de tres ejes de actuación. Principalmente, la educación en los colegios, la realización de campañas publicitarias y la formación de conductores mediante el sistema de la enseñanza en las autoescuelas. Como ya lo hemos visto en la primera conferencia, yo eludiré referirme a la educación vial en las escuelas intentando ganar el tiempo que el moderador nos ha pedido que respetemos.

Sin embargo durante mucho años los conductores sólo han tenido un contacto importante con los temas de tráfico y con los temas de seguridad vial fundamentalmente ese contacto ha sido a través de la formación que recibían en las autoescuelas en las que se ofrece una importante y completa visión global de todos los elementos que componen y están implicados en los temas de tráfico y de seguridad vial. Hay un aspecto importante, que yo creo se ha citado pocas veces además del tema de los colegios y el tema de las campañas y el tema de la formación, que es el tema de la sociedad. Durante años se ha perdido, salvo excepciones, o se ha avanzado poco en ese aspecto, a mi criterio, y es el eje de actuación más importante para conseguir una buena educación que optimice después la formación que las autoescuelas imparten; me refiero a la sociedad, ese ámbito que rodea al joven conductor en los primeros años y que le sirve de espejo hasta que adquiere su experiencia. Esta participación de la sociedad es fundamental a mi criterio aunque partiendo del concepto pedagógico no se educa con lo que se dice sino que se educa con lo que se hace. Desde ese punto de vista hay sociólogos que afirman que la mejor ayuda que puede prestar la sociedad en el ámbito de la seguridad vial es sencillamente no echar a perder con sus comportamientos imprudentes y hasta temerarios en muchos casos el trabajo desarrollado día a día en la autoescuela.

Probablemente, aunque resulte insuficiente este planteamiento, no carece de sentido porque salvo casos excepcionales de conductores concienciados, gentes que han sufrido en sus carnes o en sus familiares o gente profesional de la enseñanza de la conducción, no es frecuente que la actuación de conductores dando ejemplo de cómo hay que actuar en el mundo de la circulación vial aunque esto sería lo deseable. Bastaría con que los conductores expertos no cometieran infracciones que el resto, los más jóvenes recién obtenido el permiso de conducir perciben con una claridad y una precisión sorprendente. Desgraciadamente, para nosotros lo que se ve en las ciudades no es demasiado educativo que digamos, las infracciones son monedas de cambio diario y el comportamiento de los conductores, no cabe duda, que es claramente mejorable. Ante esto se requiere una reflexión de toda la sociedad que a mi entender es demasiado permisiva y no da demasiado importancia a esta forma de comportamiento y sería necesario que se produjera posiblemente un rechazo social hacia el infractor para que la conducta variase.

¿Cuál sería la apuesta de futuro que las autoescuelas queremos hacer y que queremos presentar en este marco de esta primeras Jornadas para intentar modificar un poco los esquemas?. Las cosas van funcionando pero el número de accidentes se incrementa, hay que buscar soluciones, hay que remover la caja para sacar de aquí alguna solución. Dentro de la formación de conductores, a nuestro criterio, habría que empezar por mejorar la credibilidad en el sistema de aprender a conducir potenciando y fomentando los sistemas de formación, ¿cómo podemos mejorar esos aspectos?. Nos dirigiríamos al alumno y nos dirigíriamos a la autoescuela. Respecto al alumno sería necesario cambiar el criterio con que el alumno acude a la obtención del permiso de conducir, alguien se lo tiene que decir. Nosotros lo intentamos pero es difícil desde las autoescuelas tener esa credibilidad.
Quizás la Administración debiera aprovechar las campañas de prevención de accidentes para de alguna forma mejorar ese criterio con el que el alumno acude a la autoescuela, porque para algunos de estos alumnos el paso por la autoescuela es un mero trámite, no ve la necesidad de formarse, no ve que la formación es la base que le va a suponer en el conducir la garantía de compartir la vida con el resto de usuarios; esta formación tiene que conseguir profundizar en sus actitudes, en sus valores, en sus comportamientos, de forma que se convierta además en esa base de una garantía de futuro como conductor. Hay que conseguir que superar el examen, que es con lo que el alumno habitualmente acude en la mente cuando viene a la autoescuela, no se considere como un factor de suerte exclusivamente. A ello debieran, en mi criterio, ir encaminadas algunas de las campañas que la DGT está realizando en la actualidad o que pueda realizar en un futuro.

Pero decíamos que teníamos que operar sobre el alumno consiguiendo esa transformación pero también sobre la autoescuela. La autoescuela, a mi criterio, debe abandonar el modelo didáctico conocido como clásico tradicional centrado en los resultados positivos basado en la exposición temática del profesor y en el memorismo por parte del alumno en el que lo importante es que el alumno apruebe apoyándose de numerosos elementos técnicos y didácticos que le puedan hacer conseguir esos buenos resultados y debiera adoptar el modelo que llamamos técnico humanista que está centrado en el proceso y en el alumno y que busca la eficacia en todo el acontecer desde que el alumno inicia el aprendizaje hasta que lo finaliza. En este modelo se intentará buscar la formación integral del alumno interactuando los contenidos, las habilidades, las actitudes y los valores del futuro conductor. Buscaremos la calidad de todo el proceso del conductor y del propio centro, llegando incluso a contemplar la formación permanente del conductor; pienso que este es el modelo a seguir pese a las dificultades que el actual reglamento de autoescuelas aporta principalmente al medir la calidad de la enseñanza del centro exclusivamente por el porcentaje de aptos del mismo.

Todo esto nos puede hacer reflexionar y preguntarnos ¿se aprende lo suficiente en una autoescuela?. A este respecto y para que la opinión sea lo más objetiva posible me remitiré a un trabajo publicado por la revista Tráfico hace un año (revista julio-agosto 2001). La investigación que se realizó en este trabajo tenía por objetivo conocer las carencias de conocimiento de la población española respecto a la normativa sobre tráfico y seguridad vial, es decir, ¿nuestros alumnos han asimilado y conservan lo que aprendieron en la autoescuela cuando están circulando después del paso de los años?. La calificacion obtenida fue de notable con un 80% de aciertos a las preguntas a las que se sometió a los conductores e incluso a peatones. Los porcentajes más bajos correspondieron a los temas de alcohol, triángulo de preseñalización y marcas viales (fueron 1264 encuestas). Y sabido todo esto, a mi permite comentarles que si le añadimos que durante el primer año o durante los primeros diceciocho meses el conductor prácticamente no sufre accidentes o si los tiene son sólo accidentes leves; podemos decir que en el primer año conocemos la norma, cumplimos la norma y hay menos accidentes. En el segundo y sucesivos años, conocemos las normas, no cumplimos la norma y hay más accidentes. Podemos decir que estamos ante un problema educacional.

Revisadas las estadísticas del último anuario de la DGT comparativa de millones de conductores y vehículos por millones de habitantes; tenemos a Inglaterra por delante de nosotros a una distancia grandísima, tenemos a los Países Nórdicos por delante de nosotros en cuanto a más seguridad en la conducción y los sistemas que emplean son sistemas similares a los nuestros, ¿es un problema educacional? Yo creo que sí; yo creo que ahí la familia tiene mucho que ver. La base del alumno cuando llega a la autoescuela, a veces, no es todo lo buena que debiera de ser porque en su casa no ha recibido el suficiente sustento de la educación vial que antes se aprendía en la casa y que ahora a veces se abandona. ¿Qué tenemos que hacer las autoescuelas ante esto? ¿cómo podemos evitar que los accidentes vayan a más? Pienso que debemos incidir más en nuestras clases en los aspectos relacionados con la seguridad vial y no limitarnos exclusivamente a temas aptitudinales, mecánica o reglamentación. Tendríamos que lograr que en las autoescuelas se trabajara más el tema de las actitudes, con el fin de lograr conductores que no tengan sólo conocimientos teóricos sino que también su conducta sea la apropiada para la convivencia y seguridad que requiere el tráfico; cosa que nosotros intentamos desde la oportunidad que nos brinda nuestro quehacer diario pero que a veces se ve limitado por las características del examen a pesar de que hagamos un esfuerzo por mentalizar a los alumnos de la importancia del tema de la seguridad vial y de la conducción independientemente del aprobado del examen.

Difícilmente en el corto periodo de tiempo que el aspirante pasa en la autoescuela podemos actuar en el cambio de actitudes si no se establecen unos ciclos mínimos obligatorios, tanto teóricos como prácticos, que nos pudieran garantizar una formación global suficiente en la que se tuvieran que abordar obligatoriamente todos y cada uno de los temas que un futuro conductor debe conocer a este respecto.

Por ello, proponemos en esta oportunidad que nos brinda estas Jornadas la realización de un programa sobre seguridad vial y comportamientos del conductor que modifique el actual sistema de aprendizaje y de examen. Nos basaríamos en unos criterios de intervención, que sería la motivación, incentivaríamos a los alumnos de forma que quien siguiera ese curso de seguridad vial y comportamiento del conductor estuviera exento de una parte del examen teórico; nos basaríamos en un criterio de calidad evaluando mediante métodos que permitan medir lo cualitativo y las actitudes en un criterio de prevención; hay que tener en cuenta que es muy importante la prevención. Es mejor prevenir que luego curar la herida. A este respecto además, yo podría adelantarles que en algunas CC.AA se está llevando a cabo campañas de colaboración entre la Dirección de Drogodependencia y Juventud y las Federaciones de Autoescuelas para realizar unos cursos sobre el alcohol y los riesgos de la conducción bajo los efectos del alcohol dentro del curso teórico, muy importante, utilizaríamos como criterio de intervención los métodos de formación que posibiliten el cambio de actitudes y de valores y el criterio de seguridad vial aprovechando el momento en que más motivaciones se tienen. El alumno cuando acude a la escuela es cuando más motivación tiene de cara a la seguridad vial, eso lo tendríamos que aprovechar. La finalidad sería la siguiente: nosotros desarrollaríamos un programa sobre seguridad vial y comportamiento del conductor mediante el que tomen conciencia los futuros conductores de su responsabilidad en la vida social y pueda contribuir de una forma activa en la mejora de las condiciones de la circulación.

Este programa se impartiría en las escuelas particulares de conductores a todas aquellas personas que están preparando la parte teórico-práctica del permiso de conducir. En ningún caso existirá perjuicio para los que no quieran asistir al mismo puesto que no ocurrirá nada; no asisten al sistema, no asisten al sistema nuevo y siguen por el sistema tradicional y se examinan de todo el contenido del programa. La realización de este programa, nosotros entendemos que sería la forma más adecuada para que los futuros conductores asimiliaran las actitudes, los valores y los comportamiento idóneos en lo referente a seguridad vial y comportamiento del conductor.

¿Qué objetivos específicos tendría?. Adquirir conocimientos tanto teóricos como prácticos sobre las buenas prácticas viales, conocer cuales son los comportamientos viales más adecuados dependiendo de la situación que acontezca, tomar conciencia de la importancia de las buenas prácticas viales, conocer cuáles son los derechos y obligaciones del individuo como peatón, como pasajero o como conductor y conocer las medidas de prevención de los accidentes viales y poseer los conocimientos para autoprotegerse. Iría en cuatro bloques que los discutiríamos si es interesante más adelante.

El programa se organizaría de forma que la propia Dirección de Tráfico estableciera que incluso este aspecto se incluyera en la formación de los certificados de obtención de los profesionales en los cursos que realizan los profesores de autoescuela para que luego lo pudieran ellos impartir y una vez hecho el programa llevaría una especie de evaluación similar a la que actualmente se está realizando con las licencias de conducción de ciclomotores en las autoescuelas. Grupos de 6 a 15 alumnos, más o menos, y cada una de las sesiones estaría impartida por el profesional de autoescuela que ha sido formado para tal fin por la propia DGT.

Esa es una de las modificaciones que nosotros pretendemos presentar y que posiblemente presentaremos ante la D.G.T. para un futuro a poder ser inmediato. Necesitaríamos preparar a los profesores: a los existentes con cursos de reciclaje y a los nuevos incluyendo esta materia dentro de su programa de formación. Pero además, ¿qué necesitamos?, necesitamos mejorar el examen. ¿Cómo podemos mejorar el examen? ¿Qué podemos aportar para mejorar el examen? Ideas sueltas que luego se pueden discutir.

En el aspecto del teórico es importante el cambio de la redacción de las preguntas; hay que olvidarse un poquito más de la norma estricta, ir un poco más al aspecto actitudinal porque a veces el alumno piensa que la norma es un capricho de tráfico, la aprende y la olvida nada más aprobar. Habría que informar en el teórico de los fallos que tiene el alumno aunque apruebe, no el número de fallos sino los fallos que tiene, aunque haya aprobado; podemos tener conductores en la carretera con cuatro errores en las pruebas teóricas, que pueden ser un stop, un adelantamiento incorrecto o cualquier otra carencia. Hay que decirle que aunque haya aprobado eso lo tiene mal para que repase esos contenidos. Y a los suspendidos hay que decirle por qué han suspendido, en qué parte han suspendido para que lo repasen en las autoescuelas.

En el aspecto práctico, habría que modificar algunos temas, evidentemente. Para nosotros sería importante evitar la rutina en el examen. Aumentar la pluralidad de los recorridos y llegando, con las dificultades que esto puede acarrear, adoptar las medidas que se están adoptando en Europa, si en otras cosas estamos copiando a Europa, sí queremos llevar la licencia de aprendizaje hasta el final también tenemos que adoptar otras medidas que ya en Europa están ya implantadas hace años y que están trayendo buenos resultados, me estoy refiriendo a la entrevista previa con la persona que se va a examinar, hace falta personalizar el examen, el alumno no puede ser un número, hay que llegar a personalizar el examen. Creo que se lo que estoy diciendo, por el problema que eso supone, sé que ustedes, sobre todo, los colegas lo están entendiendo porque eso supone un incremento importante en la plantilla de funcionarios. Es el problema que autoescuelas y Dirección General de Tráfico llevamos a cuestas.

No quiero extenderme mucho más, el tiempo se agota, y lo que sí me gustaría dejarles como pregunta final, es que si a partir de aquí a ustedes les parece que sería el momento de hablar no sólo de la formación inicial que es lo que siempre nos preocupa sino de la formación permanente del conductor. Si estamos viendo que la gente sale de las autoescuelas formadas porque lo dicen las encuestas porque aprueban y porque salen con unas normas de seguridad y que no se les olvida. Si lo que estamos viendo es que no las cumplen porque no quieren porque anteponen otros criterios a cumplir la norma, ¿no sería necesaria la formación permanente del conductor, no sólo la inicial? No es una cosa extraña, es una cosa que ya en este país se hace; es una cosa que se está haciendo en este país con todos los conductores de mercancías peligrosas que cada vez que renuevan su autorización cada cinco años tienen que cubrir un curso de unas horas mínimas. No estoy pidiendo un examen para los conductores que ya tienen el permiso sino un minicurso como ahora se va a hacer para los multados, polimultados, esos cursos de sensibilización; un minicurso de una o dos hora que hasta se podría llegar a la gratuidad en muchos casos para que las personas cuando obtengan el permiso de conducir tengan una formación permanente que les ponga al día y que no tengan que aprender a base de accidentes en las rotondas como ha ocurrido en los últimos años. Muchas gracias.