| "Adolescencia, masculinidad y actitudes de riesgo en la conducción" |
| Sr.
D. Esteban Torres Lana Catedrático de Psicología del Desarrollo de la Universidad de La Laguna |
Estoy encantado de estar aquí porque una de las críticas más frecuentes a los universitarios es que no pisamos la calle y que estamos encerrados en nuestras aulas. Yo agradezco mucho esta invitación y voy a tratar de ser útil y de que las observaciones o reflexiones que les voy a hacer tengan para ustedes una traducción práctica. Yo trabajo en el campo de la Psicología del Desarrollo Humano y mi interés por los temas de seguridad vial son colaterales. Hace tiempo que me interesé por un programa, a través de los medios audiovisuales, de mantenimiento de la cortesía vial….
Las velocidades superiores a las permitidas y coches que nos dotan de una cualidades absolutamente asombrosas, nos hacen más masculinos, más viriles o si salimos del tópico de la masculinidad, nos hace modernos, tanto a ellas como a ellos. De modo que ante esta ambigüedad en los mensajes, todos los que están aquí interesados, bien porque son profesores, alumnos o tienen algo que ver con la seguridad vial de alguna manera directa o indirecta, deberíamos tomar alguna actitud belicosa, si ustedes me lo permiten entre comillas, beligerante con respecto a estos mensajes ambigüos y contradictorios. Bien, quiero centrarme en el primer tópico de los que hemos comentado, de los que se sitúan en mi ponencia, que es el tema de la adolescencia. Hay muchos tópicos sobre este tema, verdades a medias y verdades o mentiras interesadas, es decir, el adolescente es un invento relativamente reciente de modo que no es algo que esté en nuestro código genético ser adolescente tal y como lo podemos describir en las sociedades modernas. Hasta hace muy poco tiempo es fácil tener esta imagen, hasta hace muy poco tiempo el adolescente, él o ella, estaba marcado simplemente por su madurez sexual y por su capacidad de mantener el apero de labranza, una espada para ser soldado o la capacidad fértil para engendrar. No había crisis adolescente, no había periodos de depresión, no había cuartos de adolescentes. Esto, como ustedes se pueden imaginar, es propio de las sociedades urbanas occidentales donde se ha alargado extraordinariamente el tránsito entre la infancia y lo que llamamos adulto.
He oído en una intervención anterior que se considera joven a las personas comprendidas entre los 15 y los 35 años, si he entendido bien. Fíjense ustedes, los que estudiamos el Desarrollo Humano sabemos que hay unas diferencias extraordinarias entre personas de 15 años y de 35; sin embargo, tengo que estar bastante de acuerdo con esta afirmación porque se comparten características en nuestras sociedades entre los 15 y los 35. Pero lo que no comparte un chico de 15 es un coche; puede compartir una bicicleta o un ciclomotor pero no un coche como alguien de 18 ó de 25. Es decir, hemos estirado extraordinariamente el periodo de adolescencia y al mismo tiempo tenemos una tecnología del placer y de la sensación como jamás se ha tenido antes en la historia, por tanto hemos inventado algo: hemos inventado un periodo de la vida que llamamos adolescencia que dura entre los 11 ó 12 y que el final no me atrevería a decir cuando termina; andaría por ahí; hay adolescentes 40 ó 45.
Características
de adolescentes mantenemos todos durante toda la vida. ¿Por qué
les quiero decir que me parece que hay algunas mentiras y algunos tópicos
infundados?. Ello por lo siguiente: yo creo que en efecto podemos decir que
el tiempo de adolescencia en nuestra sociedad actual, desarrollada, "culta",
tecnológica, rica, pues es un periodo en donde el tiempo es un tiempo
de ensayo. Las chicas ensañan sus nuevos cuerpos, sus nuevas sensaciones,
ensayan su grupo, nos tienen que ver los demás y ensayamos habilidades,
algunas en la escuela (intelectuales, deportivas) y otras no canalizadas en
la vida social. Y tenemos unos mecanismos extraordinarios para vivir sensaciones,
tenemos drogas, cosa que antes no tenían otras generaciones; tenemos
vehículos rapidísimos y fastuosos desde que tenemos doce o trece
años, bicicletas, motocicletas, tabla de patinaje, surf, coches con carné,
coches sin carné, maravillas, más las máquinas audiovisuales.
Es decir, tenemos una capacidad, una tecnología del placer como jamás
se ha tenido y por supuesto los chicos y chicos que tienen además de
eso muchísimas presiones de tipo laboral y económico, utilizan
este placer, además de las drogas legales, es decir, el tabaco y el alcohol.
Y esa es nuestra cultura, la hemos hecho nosotros; lo que no podemos hacer ahora
es rasgarnos las vestiduras y decir que el tiempo de adolescencia es un tiempo
de depresiones, de patologías, de peligro, de gente peligrosa, este tipo
de cosas que a mí me resultan profundamente ambivalentes, contradictorias,
cuando no hipócritas.
Es decir, la adolescencia es lo que nosotros hemos querido que sea y hay millones
de adolescentes que beben moderadamente, conducen con prudencia, estudian o
trabajan, son equilibrados en sus relaciones con los demás y que probablemente
son la gran mayoría. Estamos hablando, por tanto, de un segmento vulnerable
de la población, que en este caso me toca hablar de los varones, pues
hablaré de ellos, pero estamos refiriéndonos a una de las características
de las sociedades modernas que es la fragmentación de grupos vulnerables.
Un grupo que nos puede comprometer mucho igual que nos comprometen los delincuentes,
que son pocos, menos que los no delincuentes pero nos comprometen; un grupo
muy concreto de jóvenes adolescentes, la mayoría masculinos.
Voy a hablarles un poco de este público: una vez dicho que yo no creo que la adolescencia sea un proceso natural y que la manera de ser adolescente tal y como la entendemos sea un riesgo sin control, un desequilibrio, búsqueda de sensaciones ciegas, baja autoestima, sobredimensión de las propias cualidades, mala percepción del riesgo, no creo que esto sea lo habitual. Creo que estas características están en una época de la vida en muchos adolescentes, pero no siempre son dominantes, es decir, les voy a transmitir mi mensaje de una manera más clara: lo que llamamos cultura adolescente es la cultura que hemos formado nosotros como sociedad, y es vulnerable a la educación, es decir, podemos hacer otro tipo de adolescentes, podemos ser nosotros otro tipo de adolescentes, de padres adolescentes, de adultos jóvenes, y lo podemos hacer con los mecanismos que nos dejan que he visto con gran alegría que se ha dado una enorme importancia al factor humano y a la educación por parte de los técnicos que me han precedido en la palabra, yo creo que ese es el factor fundamental y por tanto nosotros podemos construir nuestra adolescencia, en la medida en que nuestros modelos sociales, que queremos que sea. Ahora, ¿cómo lo hacemos?. Pues lo hacemos en general en el sentido siguiente, quizás sea negativa mi lectura, pero no con los adolescentes sino con los modelos sociales que estamos viviendo. Exigimos mucho, cada vez más en tecnología y en estudios. Exigimos más a los varones que a las mujeres todavía hoy. Y todavía hay aprendizajes que esperamos que hagan los chicos mejor que las chicas y entre ellas las destrezas físicas y entre ellas el riesgo físico. Todavía esperamos de los chicos que sean mas arriesgados físicamente que las chicas. Implícitamente lo transmitimos en las familias y en los colegios, institutos. Esperamos de las chicas mayor equilibrio, mayor control, mayor ternura, sentimientos, todavía hoy las expectativas, los trabajos que se hacen sobre expectativas de profesores y padres van en esta línea, descendiendo, pero van en esta línea.
Generamos presión pero al mismo tiempo tenemos un mimo extraordinario en la administración del placer. Apenas enseñamos a los jóvenes a administrar el placer, de modo que tienen maquinitas, tienen vehículos enseguida, tienen capacidad para viajar, tienen tiempo ilimitado, no nos atrevemos a decirles que beban con moderación, no nos atrevemos a enseñarles a beber porque creemos que no deben beber, no nos atrevemos a enseñarles. Fracasamos en la enseñanza del placer, ustedes pueden decir ¡pero qué barbaridad es ésta!. Pero yo creo que es muy importante porque administrar el placer significa equilibrio, significa una generación de jóvenes cultos, equilibrados, autonómos que administran su placer, no buscando sensaciones por sensaciones, sino buscando una administración del placer que es lo que hacemos los adultos pero que no nos ven. Digamos que fracasamos en la transmisión de esta administración del placer que nos parece inmoral o poco conveniente. ¿Cómo le voy a enseñar a un hijo mío a beber si es que no deben beber?. ¿Cómo le voy a hablar de sexo si no deben tener sexualidad todavía? ¿Cómo le voy a hablar de que no es masculino afrontar un riesgo para impresionar al amigo o a la amiga? ¿Por qué no ridiculizo esa conducta?. ¿Por qué no le digo que hay otras formas de ser masculino?. Qué la masculinidad no significa ser un bestia al volante, que la masculinidad puede estar ligada al control, al equilibrio, a la prudencia, a la inteligencia, a la ternura también, etc. ¿Por qué esos modelos no se los transmitimos? ¿Quién se los va a transmitir? ¿En las escuelas, centros, institutos? No hay currículos para eso y no estamos del todo preparados para hacerlo. ¿En las autoescuelas?. Bastante líos tienen y reformas tienen que afrontar para hacerlo. Esto es un problema de todos nosotros, es un problema de modelo social ¿qué modelo social queremos? Ahora se dice tema de botellón, que también lo he oído. Jóvenes no es igual a botellón, botellón no es igual a conductor ebrio. Hay muchos mensajes hipócritas en este aspecto y les transmito por ir concretando mi posición: hay posibilidad que la adolescencia no signifique riesgo incontrolado porque hay riesgos controlados como puede ser el puenting. Los riesgos pueden administrarse, enseñarse y controlarse. Segunda cosa, masculinidad no significa riesgo, no significa ser temerario, masculinidad no significa hoy en nuestra cultura ser más moderno y si me apuran masculinidad no significa ser hombre.
Hay muchas mujeres que son igual de temerarias o más que los hombres, que tienen los mismos modelos de masculinidad que tradicionalmente se le achacaban al hombre como son hábitos de fumar, hábitos de conducción peligrosa, competitividad en el trabajo, riesgos en otro tipo de cosas. En fin, no es un tema de hombres/mujeres, es un tema de modelos culturales. Por tanto hay que ridiculizar el modelo de masculinidad tradicional y clásico, de gusto por el riesgo, de conducción temeraria, etc, etc. y, ¿cómo podemos hacerlo?. Pues miren, esta es otra de las hipocrecías de las sociedades modernas. Destinamos a la cultura de la persuasión mediática miles de millones sin pestañear y nadie discute que la publicidad y los modelos que se ven en cines y televisión están enseñando a nuestros jóvenes un estilo de ser hombre, de ser héroe, de ser habilidoso en la conducción, etc. Este tipo de cosas se aprenden en las películas de superhéroes, se aprenden también en las series de televisión peores y se aprenden también en la vida social y en la publicidad, que nos lo está diciendo continuamente.
Esta es la hipocrecía: gastamos en esa cultura de la tecnología, del riesgo, del poder de los coches mucho dinero y gastamos muy poco dinero en la educación y en la administración del placer, en la enseñanza para administrar el riesgo, para administrar y controlar el placer. Y yo todas las buenas intenciones que he oído aquí, que las comparto sin duda alguna cierta lástima de que veo a luchadores solitarios contra máquinas de persuasión muy poderosas y con esto voy a terminar con la última reflexión. ¿Qué máquinas de persuasión tan poderosas son con las que nos enfrentamos? Pues miren ustedes, una de las fuentes fundamentales de influencia del grupo de riesgo masculino y joven en el tema de la conducción y de otras conductas de riesgo son los medios de comunicación visuales, especialmente, cine y televisión. ¿Por qué? Porque donde menos influencia tienen las familias cuando fracasa la influencia escolar y cuando fracasa la influencia familiar, la influencia de los medios audiovisuales se multiplica en sentido inverso, de modo que tenemos un sector de población donde la escuela fracasa, un sector de la población donde las familias han perdido influencia, donde además tiene una gran influencia los medios de comunicación audiovisuales de masas. ¿Y qué papel podemos nosotros tener en esos medios de comunicación de masas? Pues muy pequeñito, la estructrua comercial, incluso de las televisiones públicas, hace que lo que voy a decir ahora suene hasta un poco ridículo.
Yo voy a postular un espacio público audiovisual, un espacio donde podamos, técnicos, personas interesados y expertos, como los que me han precedido en la palabra, podamos nosotros y ustedes, contraargumentar los mensajes ambivalentes, mensajes contradictorios que continuamente les estamos dando a los jóvenes, en masculinidad, en muchos aspectos, no solamente estos; ese espacio público que nos permita contraargumentar, esa posibilidad de que bien institucionalmente o a través de organismos públicos como este que nos cita hoy o bien a través de organizaciones podamos intervenir en los medios con campañas que contrarresten y contraargumenten modelos sociales que están influyendo decisivamente en que hombre o mujer moderno signifique conducir agresivamente, competir con otros continuamente, buscar riesgos, controlar riesgos e impresionar a los demás. Si no tenemos los medios con los que estos modelos llegan a una parte de nuestros jóvenes estamos indefensos para contrarrestarlos. Yo les ánimo, y la reflexión que les quiero plantear por si luego quieren comentarlo con más calma, es que los objetivos de educación vial pasen por la conquista de espacios audiovisiales porque es el arma de influencia más poderosa en el sector de jóvenes más peligroso que es el que estamos diciendo. Nada más. Muchas gracias.
27 DE JUNIO:
MESA REDONDA:
ASPECTOS
JURÍDICOS, EDUCATIVOS Y SOCIALES DE LAS SECUELAS PRODUCIDAS POR LOS ACCIDENTES
DE TRÁFICO.
Moderador:
Sr. D. Bernardo Martín Méndez