Igualdad-Desigualdad

Igualdad - Desigualdad

La igualdad entre hombres y mujeres es una cuestión de DERECHOS HUMANOS, una condición para la justicia social y es también un requisito necesario y fundamental para la equidad, el desarrollo y la paz. IV Conferencia Mundial Sobre las Mujeres, Plataforma de Acción. Beijing 1995.

La igualdad es una situación social en la que todas las personas tienen las mismas oportunidades y derechos.

Cuando se habla de igualdad de oportunidades en una sociedad, nos referimos a una forma de justicia social que implica que todas las personas tienen potencialmente las mismas posibilidades de acceso al bienestar social que esa sociedad es capaz de proporcionar.

La desigualdad, por el contrario, aparece cuando se limitan o se eliminan las posibilidades de acceso a derechos y a recursos a determinadas personas, basándonos en características personales a las que se atribuye un significado social que contribuye a discriminarlas, por ejemplo raza, aspecto físico, edad…

En el mundo desarrollado, las leyes reconocen los mismos derechos a toda la ciudadanía, pero esta igualdad formal recogida en la legislación y las normas, no siempre es efectiva en el plano real, porque los condicionamientos sociales y culturales impiden que lo recogido en la ley, se traslade a la vida cotidiana.

En el caso de la desigualdad de género, lo que ocurre es que aún estando reconocidos en nuestras leyes y nuestra constitución los principios de igualdad y no discriminación por razón de sexo, el comportamiento de la sociedad continúa estando fuertemente influenciado por un modelo cultural que ha establecido diferencias sin fundamento, entre mujeres y hombres. Esto ocurre porque en nuestra sociedad ha evolucionado manteniendo un sistema de reparto de roles según el sexo, lo que denominamos: Sistema Sexo-Género:

El sexo alude al conjunto de caracteres genéticos y a las diferencias biológicas entre hombres y mujeres.

El género se refiere a las diferencias construidas social y culturalmente para hombres y mujeres, a la forma de relacionarse y dividir sus funciones.

Este sistema explica cómo basándonos única y exclusivamente en la diferencia del sexo con el que nace cada persona se crea todo un conjunto de creencias, valores, costumbres, normas, prácticas, oportunidades y comportamientos diferentes para ambos sexos. Es decir, a partir de una diferencia biológica natural, se construye una diferencia social que origina la desigualdad, de manera que la mujer ha quedado históricamente subordinada al hombre.

Durante el proceso de socialización aprendemos las diferencias que nos transmite el sistema como algo natural. Agentes de socialización como la familia, educación, lenguaje, medios de comunicación, enseñan roles diferenciados a hombres y mujeres que no se cuestionan. Los roles de género son el conjunto de funciones, actividades, tareas y actitudes que culturalmente asignamos a cada sexo.

Cada rol representa distintos grados de poder. Así, el hombre se asocia a la producción, a la vida pública y a actividades remuneradas .En el caso de la mujer, los roles asignados la sitúan en el espacio doméstico principalmente. La familia y las relaciones personales es lo que debe ocupar la mayoría de su tiempo e intereses.

Estos roles dan lugar a estereotipos, que definen la supuestas características de la personalidad de cada sexo. Desde estos estereotipos se identifica al hombre con cualidades vinculadas al liderazgo: autoridad, inteligencia fuerza…y a la mujer con la subordinación: irracionalidad, debilidad, emotividad, dependencia…

Las consecuencias de este trato desigual se reflejan en hechos visibles : mayor dificultad de las mujeres para acceder al empleo, mayores índices de pobreza , menor presencia en puestos directivos , trabajo dentro y fuera de casa, sueldos inferiores, violencia de género... En el caso de las mujeres jóvenes estas desigualdades se manifiestan en ocasiones más intensamente, debido a que la propia juventud se convierte en un factor más de discriminación, que aumenta su vulnerabilidad frente a estas situaciones.

Afortunadamente, las diferencias artificiales que impone el género se pueden modificar. Al tratarse de una construcción sociocultural, la desigualdad puede eliminarse aceptando el principio de igualdad entre hombres y mujeres. Para conseguirlo, es necesario empezar a mirar la relación entre sexos sin dar por hecho que el patrón de relación historicamente aceptado es lo “natural”. En este proceso, hay que adoptar la perspectiva de género, que parte de la consideración fundamental de que lo “femenino” y lo “masculino” no son hechos naturales o biológicos, sino construcciones culturales aprendidas , que han dado lugar a una posición subordinada del sexo femenino. Para combatirlas, es necesario asumir su presencia en todos los niveles de la estructura social y cuestionar el sistema de estereotipos y roles de forma sistemática, hasta conseguir una transformación social en la que nuestro sexo no limite nuestras posibilidades en la sociedad. Esta transformación, es en definitiva lo que pretenden las de políticas de igualdad.

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